El COI se da mes un para decidir la fecha de los Juegos de Tokio 2020

La llama olímpica corre ya el serio peligro de no encender el pebetero del Estadio Olímpico de Tokio el 24 de julio próximo, como estaba previsto desde hace casi siete años. Tras una reunión de urgencia este domingo, el comité ejecutivo del Comité Olímpico Internacional (COI) ha decidido concederse un mes de plazo para decidir cuándo se celebrarán los Juegos de 2020. Por primera vez, sobre la mesa está la posibilidad de aplazarlos definitivamente.

Según diversas fuentes, la fecha alternativa preferida por el COI y el comité organizador sería en los meses de septiembre y octubre, el mismo periodo de tiempo en que se celebraron los Juegos de 1964, la anterior cita olímpica en la capital japonesa. Sin embargo, esos meses son tanto el periodo del monzón meteorológico como los meses elegidos por otras grandes competiciones internacionales que han debido aplazar su celebración. Además, no se cuenta con la seguridad de que para entonces la pandemia de coronavirus esté controlada. Retrasarlos un año, hasta julio de 2021, sería complicado porque los años impares celebran sus campeonatos mundiales el atletismo, la natación y la gimnasia, los tres principales deportes olímpicos. Dejarlos para 2022, aprovechando que el Mundial de fútbol de Qatar se disputará en diciembre y los Juegos de Invierno en enero, sería el tercer escenario previsto.

Como el capitán del Titanic, Thomas Bach, el presidente del COI, ha terminado comprendiendo, días después de que todo el deporte mundial se lo dijera casi a gritos, meses después de chocar con el iceberg del coronavirus, que el transatlántico de los Juegos Olímpicos, la quimera de celebrarlos, como estaba previsto desde hace siete años, del 24 de julio próximo al 9 de agosto, se va hundiendo, aunque se aferra todavía a una mínima opción de que tengan lugar este verano.

La cita de Tokio es aún el único gran evento del deporte mundial que se aferra a sus fechas pese a que la gran mayoría de sus grandes protagonistas, los 11.000 deportistas de 206 países que se esperaban, podían entrenarse con normalidad, pese a que el mundo aún no sabe cómo y cuándo superará la pandemia sanitaria que ha paralizado prácticamente la vida de sus ciudades, pese a la gran recesión económica que se prevé como colofón de la crisis sanitaria.

En España, incitados por los deportistas, que han visto su entrenamiento mutilado tras la declaración del estado de alarma por el Gobierno, tanto el Consejo Superior de Deportes (CSD), como el comité olímpico nacional, como las principales federaciones deportivas han reflexionado públicamente sobre la imposibilidad de mantener la ficción de los Juegos en estas circunstancias y habían pedido su aplazamiento hasta que, como reflejó en una tribuna en este diario Irene Lozano, presidenta del CSD, pudieran celebrarse “los Juegos del abrazo” en un mundo libre del virus.

La decisión sobre un posible aplazamiento la han tomado conjuntamente el COI con el Gobierno de Japón después de escuchar los consejos de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Los Juegos suponen el desplazamiento a Japón de cientos de miles de personas, un movimiento que hace hecho incontrolable la expansión del virus. También parece rendirse al sentido común el primer ministro japonés, Shinzo Abe, que quiere mantener los Juegos en la fecha prevista como una demostración del poder de la humanidad y de su victoria contra el virus que hace vivir a las sociedades en un estado de excepción desconocido desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Su Gobierno, que ha invertido más de 35.000 millones de euros en instalaciones e infraestructuras para los 17 días de competición de 33 deportes, pensó que le había tocado la lotería cuando obtuvo la asignación de los Juegos al derrotar en las votaciones a Estambul y Madrid el 7 de septiembre de 2013. Una anulación pura y dura, escenario que nunca había pasado por el cerebro de los dirigentes del COI, supondría, según algunos cálculos, un golpe económico para Japón equivalente al 1,5% de su PIB. El aplazamiento supondrá pérdidas, y crisis, pero más asumibles.

El COI deberá renegociar con las televisiones (el canal Discovery, propietario de Eurosport, tiene todos los derechos para Europa) los 2.700 millones de euros en que vendió la transmisión de los Juegos, y con todos sus grandes patrocinadores. También corren peligro los 800 millones de euros que recaudará el comité organizador por la venta de entradas.

Los Juegos de Tokio 2020 son la primera cita olímpica que se aplaza en los 124 años de historia de los Juegos modernos. Solo en tres ocasiones (1916, 1940 y 1944, con el mundo en guerra), se dejaron de celebrar.

Los grandes de tenis y golf han anunciado su aplazamiento, también las Ligas de fútbol más importantes del mundo, la Champions y la Eurocopa, la NBA, el béisbol americano y las grandes competiciones de ciclismo y atletismo. Todos quieren recuperar su presencia en el calendario en los meses de septiembre a octubre. Ahora, los Juegos. La crisis que se supone generará el coronavirus en el mundo del deporte no afectará solamente a los propietarios de las competiciones sino a toda la industria y patrocinadores que lo engrasan con sus inversiones y que se quedan sin contraprestación: medios informativos deportivos, cadenas televisivas, anunciantes…

Los deportistas, la parte más numerosa y también la económicamente más débil, deberán demostrar la capacidad de resiliencia única que se les supone reprogramándose para volver a estar a su máximo nivel semanas o meses después de lo que habían previsto hace dos y tres años, cuando comenzaron su preparación olímpica. Y los Estados deberán realinear sus políticas de becas y ayudas a la nueva situación.

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