La crisis del coronavirus pone a Europa en jaque

La integración europea no solo debe ser la respuesta a esta crisis, sino además, parecerla. La inesperada pandemia que azota al mundo pasará, pero sus consecuencias perdurarán en el tiempo. De la gestión que se haga ahora, resultará, para mejor o peor suerte, el porvenir de nuestras civilizaciones.

Jürgen Habermas, quizás el filósofo más influyente de nuestro tiempo, ha defendido a lo largo de su extensa vida académica «el modo de vida europeo», un cosmopolitismo incluyente que debe ser integrado a través de la vía europea. Habermas ha sustentado el éxito del proyecto integrador europeo en dos premisas principales.

Por un lado, este humanista alemán sostiene que los ciudadanos europeos hemos de ver a Europa como nuestra patria mayor y al resto de europeos como nuestros compatriotas más cercanos.

Por otro lado, «el proyecto común de Europa no puede ser derribado en el último momento por egoísmos nacionales».

Pues bien, todo apunta a que estamos en ese último momento y el proyecto de vida europeo será integrado y reforzado, o no será.

Una solución europea ambiciosa y coordinada es requisito necesario para minimizar las consecuencias negativas de esta crisis sanitaria y económica, pero no suficiente. Además de actuar, es imprescindible que sus acciones sean percibidas por los ciudadanos para que vuelvan a confiar en unas instituciones que están perdiendo su credibilidad a marchas forzadas.

Aprender de los errores

Los errores del pasado no pueden repetirse. La respuesta conjunta a la crisis financiera y económica de 2008 fue claramente insuficiente y, en los inicios de esta crisis, las medidas adoptadas no han sido las mejores.

Es intolerable que, en un mercado único, algunos países como Francia y Alemania prohibieran unilateralmente la venta de material médico al resto de socios, un ataque directo al concepto de mercado único y al proyecto europeo.

Afortunadamente, la denuncia de la presidenta de la Comisión Europea (CE), Ursula von der Leyen, consiguió levantar la restricción de exportaciones de este material tan sensible en el periodo actual entre los estados miembros. Paradójicamente, este es un ejemplo de que las instituciones europeas pueden funcionar y ser útiles. El peligro actual no es la inacción de las instituciones comunitarias, sino, como mantiene Habermas, los egoísmos nacionales reticentes a la cesión de soberanía.

Otro ejemplo de que las instituciones europeas funcionan cuando se les proporciona la capacidad de actuación necesaria es el Banco Central Europeo (BCE). En plena crisis de deuda soberana y con la supervivencia del euro en entredicho, el BCE se convirtió en el auténtico valedor de la moneda única y, de paso, proporcionó una vida extra al proyecto europeo.

El BCE, pilar económico del proyecto europeo

En la crisis actual, el BCE vuelve a ser el único organismo comunitario que realmente está a la altura de las circunstancias y, tras un pequeño desliz, ha sacado toda su artillería a través del Programa de Compras de Emergencia para Pandemias (PEPP por sus siglas en inglés).

Con este programa, el BCE se compromete a emitir 750 000 millones de euros para comprar bonos públicos y privados. La gran novedad del PEPP es que por primera vez el BCE manifiesta la voluntad de que esta nueva emisión de dinero vaya destinada a financiar los gastos fiscales derivados de la pandemia y, además, deja la puerta abierta a la flexibilidad, para beneficiar a los países más necesitados en el momento más oportuno. El BCE muestra de nuevo que, cuando se capacita a una institución para tomar decisiones, esta es capaz de actuar adecuadamente en favor del proyecto europeo.

Frente a la pandemia, decisiones nacionales

Si bien la política monetaria de los 19 países de la eurozona está en manos del Banco Central Europeo, las políticas fiscales continúan decidiéndose a nivel nacional. Este hecho implica diferencias significativas en los niveles de deuda pública y déficit presupuestarios de los distintos países miembros que se ven acentuadas y agravadas en situaciones como la que estamos viviendo.

La crisis actual ha llevado a los gobiernos de los distintos países de la eurozona a aplicar sus propios paquetes de medidas fiscales, para intentar contrarrestar los efectos de esta pandemia en sus economías y en sus ciudadanos. Han optado por una combinación de medidas, incluyendo entre las más destacadas las moratorias fiscales, las prórrogas de pago de cargas sociales o los subsidios para los trabajadores que no pueden trabajar o que han visto reducidas sus jornadas. Todas estas medidas son necesarias para dotar de liquidez a los agentes más afectados por el confinamiento obligatorio, pero indispensable para enfrentar la pandemia.

Estas políticas fiscales de emergencia no van encaminadas a impulsar la demanda, sino a dotar de mayores recursos a los sistemas de salud, garantizar la supervivencia del tejido productivo y proteger a los trabajadores más vulnerables. El cuadro 1 resume el valor en miles de millones de euros de los distintos paquetes ofrecidos por los principales países de la eurozona. Se observa por ejemplo que Italia, el país más afectado de la eurozona hasta el momento, ha anunciado un plan de rescate valorado en 25 000 millones de euros.

En el caso de España, el gobierno anunció la movilización de 200 000 millones de euros para combatir el impacto económico y social del coronavirus, de los cuales 117 000 millones de euros serán exclusivamente públicos. Hasta ahora, el país que mayor plan de rescate económico ha adoptado es Alemania, que ha asumido un endeudamiento de 156 000 millones de euros. Esta es su mayor emisión de deuda pública desde la Segunda Guerra Mundial y la primera vez, desde 2013, que recurre a los mercados para su financiación.

Valor (en miles de millones de €) de los paquetes fiscales anunciados por los principales países de la eurozona. Elaboración propia.

Valor (en miles de millones de €) de los paquetes fiscales anunciados por los principales países de la eurozona. Elaboración propia.

La Europa comunitaria relaja el control del déficit

Las reglas de disciplina fiscal europeas (Pacto de Estabilidad y Crecimiento) sitúan los niveles máximos de déficit público de los países en el 3% de su PIB y los niveles de deuda pública en el 60% del PIB. La superación de estos umbrales implica sanciones para los países que los incumple. Sin embargo, existe una «cláusula de salvaguarda» que permite a los países miembros exceder estos niveles máximos en caso de que ocurra una recesión económica severa.

Acogiéndose a esta cláusula, la Comisión Europea ha anunciado que concederá flexibilidad a los países en lo que se refiere a las normas fiscales para que estos puedan incrementar el gasto sin restricciones. Sin embargo, esto hace temer las consecuencias que los grandes paquetes de gasto público puedan suponer para los países más endeudados de la eurozona. Por ello, se hacen necesarias medidas de mayor calado, tales como el uso del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) o la emisión de bonos respaldados por la eurozona (eurobonos).

El MEDE es un mecanismo diseñado para garantizar la estabilidad financiera en la zona euro al proporcionar asistencia a los países miembro en momentos de dificultad económica. En una situación de pandemia global como la que vivimos, su uso no es lo más oportuno pues podría estigmatizar a algunos países. De allí que los expertos consideren la emisión de eurobonos la mejor solución para esta coyuntura.

Compartir el riesgo requiere confianza

Los eurobonos son una propuesta de títulos de deuda pública emitidos por el conjunto de los países de la eurozona. Su ventaja fundamental es que están respaldados por todos los estados de la eurozona y el coste de la emisión de deuda no recae exclusivamente sobre un país específico. Por tanto, se consigue mutualizar el riesgo. La dificultad está en que se requiere que los países participantes confíen los unos en los otros.

La implementación de estos eurobonos se enfrentaría a dos principales problemas:

– La dificultad técnica para ponerlos en marcha, y

– El rechazo histórico de estos instrumentos por parte de determinados países como Alemania y Países Bajos, quienes siempre han abogado por los préstamos del MEDE para los países en problemas.

España e Italia ya se han pronunciado a favor de la emisión de eurobonos y son muchos los economistas que se manifiestan partidarios para evitar nuevas crisis de deuda en países como Italia, España o Grecia. Sin embargo, el ministro de Economía alemán, Peter Altmaier, ha manifestado su oposición por el momento a la petición de España y Bruselas de la emisión de eurobonos y ha paralizado esta gran oportunidad de unión fiscal.

La experiencia nos muestra que las instituciones comunitarias funcionan cuando realmente se les capacita. La hora de la verdad ha llegado para Europa y los eurobonos y otras formas de mutualizar el riesgo, son más necesarios que nunca. Es la hora de olvidar los egoísmos nacionales y comprometerse con Europa.

El proyecto europeo saldrá más integrado de esta crisis o no saldrá.

Este artículo ha sido publicado en The Conversation

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