Del fútbol y la vida

Qué poco importa el deporte cuando la salud se cruza en su camino! ¡Qué poco importa el fútbol cuando es la vida la que se pone en juego! Pero así estamos y así seguiremos por el bien de todos. Hemos pasado de pensar en goles, jornadas, opciones del Valencia a entrar en Champions y clasificaciones a pensar en altas, infecciones, aislamientos e incertidumbres económicas.

El coronavirus hasta ha conseguido poner de acuerdo a Tebas y Rubiales. No se sabe cuándo volverá la Liga. El presidente de la patronal ha tenido que claudicar ante la realidad. Su ceguera para proteger su negocio hizo crecer en la posición opuesta a su archienemigo en la Federación Española que, encima, le acabó ganando otra vez el pulso. Le ganó el del partido del lunes. Le ganó el del partido en EE UU y ahora le ha vuelto a ganar con los tiempos de regreso del campeonato. Con razón Tebas raja de él en cuanto puede; le ha aparecido un meteorito en el zapato. Con lo feliz que estaba él solo al frente del cotarro.

El caso es que el virus perderá el partido pero no sabemos cuando. Y tiene pinta que no será antes de junio. Eso imposibilita terminar el campeonato a 30 de ese mes y obliga a tomar grandes de decisiones. Si la Liga no termina, ¿qué se debe hacer con el campeonato abierto? Que no valga la temporada parece imposible. Ascensos, descensos, equipos de Champions y Europa League dependen de la clasificación final de cada temporada. Sólo dos opciones me parecen medio viables. O la temporada termina en julio y la próxima campaña arranca en septiembre o la temporada ya ha terminado con las cosas como hoy están.

Lo más razonable parece lo primero. Alargar las fechas para que cada equipo ocupe el lugar que se merece a campeonato terminado. Mismas oportunidades para todos y justicia final. Porque hacer lo segundo sería adulterar la competición. Aquellos equipos que no hayan jugado contra Madrid y Barça -por ejemplo- en lo que va de segunda vuelta tendrían clara ventaja con respecto a los que ya lo han hecho. Y eso es injusto y arbitrario. Por no hablar del Valencia, que estaría fuera de Europa si hoy terminara la Liga.

Lo peor de todo es que cualquier decisión no depende ya ni de Tebas ni de Rubiales. Depende de ese enemigo invisible e impredecible. El coronavirus. Y cualquier previsión es una quimera. Sólo el tiempo y el devenir de la famosa curva determinará el futuro de todo. También del fútbol. Sin olvidar, ahora más que nunca, que hablamos de la cosa más importante de las menos importantes.

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