Desbordados

Dejando por sentado que ningún servidor público quiere el mal de sus ciudadanos y sin entrar en las responsabilidades políticas y jurídicas que llegado el caso ya se verán, es indiscutible que la gestión de la crisis sanitaria no aguanta ni un desatino más. Tras quince días de confinamiento, con una sociedad que salvo cuatro descerebrados está dando ejemplo de madurez y solidaridad, algo debe cambiar para frenar los decesos y la propagación de la enfermedad.

A esta crisis nuestro país ha llegado tarde y mal y más de uno tendría que haber dimitido por inutilidad o por responsabilidad moral. Mucha lluvia de datos pero el mensaje que llega es de caos y ausencia de una estrategia. Con 64.000 contagiados y casi 5.000 muertos -al cierre de este artículo- el temor ciudadano es que finalmente colapse un colectivo sanitario desbordado y agotado, que se juega la vida para salvar la nuestra, y que no tiene los recursos ni los equipos de protección y asistencia que precisa.

Que España, décimotercera potencia mundial por PIB, compre test de diagnóstico que no funcionan, permita que su personal confeccione batas quirúrgicas con bolsas de basura, ponga respiradores hechos en impresoras 3D o tenga a los difuntos en una pista de hielo, es para que a muchos les caiga la cara de vergüenza. Igual que es un disparate atribuir todos los males a la manifestación del 8M, también lo son las temerarias palabras del director de Emergencias, cuando optó por quitar importancia al tema y afirmó, mientras veíamos cómo sufrían nuestros vecinos italianos, que no había riesgo de contagio.

Y el presentimiento no nos engañaba. Gracias al ministro de Ciencia e Innovación sabemos que ya en enero el Gobierno conocía la gravedad del coronavirus aunque incomprensiblemente no tomara medida alguna hasta pasar la manifestación feminista. Con una población de 47 millones de personas, alguien deberá explicar por qué cuando se estaba a tiempo no se adquirió todo lo necesario para protegerla. Si este es el nivel que rodea al presidente del Gobierno, no sorprende que pese al esfuerzo hasta familiar que está haciendo, trasmita tan poca solvencia.

Por fortuna, aunque siguen con muchas carencias, tenemos el ejemplo de autonomías que se ayudan entre ellas y se auto gestionan con mejor diligencia como es el caso de la nuestra, Castilla-La Mancha o Galicia entre otras. En la Comunitat ademas, se ha apostado por el respeto al trabajo de los informadores sometiéndose sus dirigentes a las preguntas directas de la prensa. Algo que se eliminó en Moncloa y que Sánchez debería retomar.

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