El cliente pequeño

No sé qué le pasa al gobierno valenciano pero últimamente necesita a un Iván Redondo. O, a juzgar por la cara de Sánchez, a otro mejor. No lo digo por las declaraciones de la consellera del otro día, sino por las de ayer de la vicepresidenta Mónica Oltra. No es la primera ni la última que echa la culpa al PP incluso de la desaparición de los dinosaurios. Cualquier cosa sucedida en el siglo XXI será responsabilidad de ellos. Y, si no, al tiempo. Y ahí está el problema de Oltra. El tiempo. Al mes, a los seis meses, al año de estar en el gobierno se puede señalar al anterior, pero insistir en ello tras haber pasado una legislatura empieza a chirriar. Eso no libra de sus culpas al PP. En absoluto. Aquí cada cual lleva lo suyo y su gestión tuvo cosas que ni un ministro holandés podría disculpar. Ahora bien, por esa misma razón eludir la responsabilidad mirando por el retrovisor empieza a ser un pésima opción. En ocasiones acusar a otro no deja mal al otro, sino a quien acusa. Y eso empieza a suceder con Oltra. Sin obviar el lastre de un mala herencia, ya no toca parapetarse detrás de ella. No es momento de hacer política. ¿No lo decían los aliados del gobierno en estos días? No es momento de utilizar la tragedia que estamos viviendo ni para tumbar a un gobierno ni para apuntalar a otro. Y mucho menos para defender que las comunidades autónomas están salvando el estropicio nacional. Con aliados así, ¿quién necesita oposición?

Lo que demuestra este despropósito de las compras autonómicas de bienes esenciales para todos es precisamente el daño que ha hecho la desmembración de España. Y decirlo no es de fachas. Estamos reprochando a la Unión Europea la falta de unidad y cohesión para actuar como una sola voz por el bien de sus ciudadanos y estamos aplaudiendo al mismo tiempo que España vuelva a los reinos de taifas por las ambiciones de reyezuelos locales. En un mercado global, el cliente pequeño es irrelevante frente al enorme. Basta con comprobarlo en una parada de un mercado municipal. Quien solo compra dos manzanas y un pimiento cada quince días es un cliente menos ‘goloso’ que el restaurante que, a diario, se lleva media parada. Es fácil comprobarlo. Que España haga un encargo a una empresa china, que lo hagan los 27 o que lo haga una comunidad de 5 millones de personas varía mucho la percepción. Pero desde luego que nos estemos quitando el pan de la boca entre hermanos como hacen quienes reprochan a Núñez Feijóo su ayuda a Madrid, sabiendo cómo era la situación allí, es la peor forma de reivindicar el autonomismo.

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