Doble o nada

Yo me puse aquí para dar brea, sobre todo, pero no de manera exclusiva, a la izquierda catalanista valenciana; para dejar a la vista su inutilidad y su innoble papel de «techo de cristal» para la economía, prosperidad y ambición de los valencianos. Algo que he hecho no como el que realiza un encargo, sino por devoción y convicción, como un ministerio. Mi límite era el mismo que dibuja la línea imaginaria que nos separa de Cataluña al norte, de Aragón y Castilla-La Mancha al oeste y de Murcia al sur. Esa era la condición. Y vivía y escribía así tan plácidamente… hasta que llegó el maldito corona virus desde China -¿se puede decir su origen?-. El bichito SARS-CoV-2 que provoca la patología llamada Covid-19 original de la provincia de Wuhan y que ya ha segado la vida de decenas de miles de mis compatriotas. Y la vida de todos cambió. El primer pensamiento cuando despierto y el último cuando intento, con cierta dificultad, conciliar el sueño; el martillo de acero a mi corazón cuando alguien cercano a mí tose levemente; la horrible incertidumbre del qué vendrá después; la profunda irritación que me produce la interminable e irrespetuosa algarabía balconera… La generación que nos podía contar y no nos contó, traumatizada, hasta dónde puede llegar el ser humano en una situación límite, acelera su desaparición víctima de un microscópico saquito proteico lleno de información genética que esclaviza las células ajenas para conseguir multiplicarse. Así, sin más poesía ni épica en la batalla. Huérfanos de esa valiosa experiencia que desfila en silencio y soledad a los cementerios, afrontamos un futuro político que se presenta dulce para un populismo comunista cuyo totalitarismo asoma la patita. A partir de ahora, un doble o nada. De salirse con la suya el gobierno socialcomunista, se implantará una semidictadura que cambiará el frío minimalismo demócrata liberal de Bruselas por las desconchadas paredes y los coloridos chándales del cálido Foro de São Paulo: la temible termita castrocomunista en la prohibida Europa occidental. Si efectivamente España es una democracia moderna y consolidada y «no es Venezuela», los agentes del chavismo y sus cómplices socialistas abandonarán los centros de poder tan raudos como los ocuparon. Esperando acontecimientos, nuestra izquierda catalanista, la de mi negociado, hiberna y baja el perfil para no dejar ver en tiempos de necesidad que su naturaleza es tocinera y seguir con el engaño, que no son más que el sebo producto de un verano de helados cremosos, bebidas azucaradas, alimentos grasos y litros de sangría o calimocho en la verbena de un pueblo.

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