El nuevo Ferrera

Era una de las ilusiones que tenían los aficionados para la nueva temporada. En Valencia lo hubiéramos disfrutado en Fallas, pero el Covid-19 nos lo negó. Y es que Antonio Ferrera está haciendo trizas la teoría de Jose Flores ‘Camará’. A quien fuera legendaria figura de los apoderados, le oímos decir que cuando los espadas provocaban el interés de los públicos, solía ser durante los primeros años de alternativa. Que después, cuando la técnica predominaba sobre la ingenua entrega, ya no era igual. Y así fue en épocas en las que el toro y el toreo, no habían evolucionado tanto como lo han hecho en los últimos tiempos. Ahora el toro ha perdido fiereza, es más noble, pero no menos bravo, conviene aclarar. En la actualidad aguanta mas y durante más tiempo las exigencias que demanda la nueva lidia, en clara señal de mayor bravura.

Esta evolución viene hoy a desterrar la teoría de quien supo elevar a la máxima categoría la figura del apoderado. Y es curioso observar que coincidiendo con el gran predicamento que tuvo Camará -además de a Manolete, apoderó a Litri, Aparicio, Ordóñez, Manolo Gonzalez, Pedrés, Puerta o Paquirri-, fuera la época en la que los ganaderos, en la alquimia que aplican en la selección, modelaron el toro hasta mutar el genio en brava nobleza.

Y si el toro ha evolucionado, el toreo no se ha quedado atrás. Depuró la técnica y con ella la estética, y prolongó la permanencia en los ruedos de las figuras.

El caso de Ferrera es claro. Tomó la alternativa en Olivenza, de manos de Enrique Ponce, el 2 de marzo de 1997. ¡Ahí es nada! Hasta hace tres temporadas se mantenía en un segundo plano, y perseverando, en un claro ejercicio de inquieta superación, después de 20 años, ha sido capaz de reinventarse y sorprender con un toreo creativo, a veces clásico, otras anárquico por imprevisible que, como a la hora de hacer la suerte suprema al paso, llega a sorprender y enloquecer a los públicos.

Ahora, a esperar para disfrutarlo.

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