El pelotón se ilusiona con el calendario, pero choca con la ciencia

Que el Tour de Francia se pueda celebrar a partir del 29 de agosto y hasta el 20 de septiembre es un enorme estímulo para el pelotón ciclista que sufre el confinamiento por el coronavirus, pero esta ilusión choca con la opinión de expertos en epidemiología, e incluso con los puntos de vista de algunos corredores, como el español Alejandro Valverde, quien no cree que haya carreras en 2020.

Mientras el Tour se acomoda en el calendario y el resto de carreras luchan por ello, el virus castiga al mundo entero y los expertos salen al paso sobre la idoneidad de celebrar un evento que mueve a miles de personas procedentes de todo el planeta. Riesgos de contagio y posible repunte de la enfermedad en esos meses son las razones principales.

Devi Sridhar, profesora y presidenta de Salud Pública Global en la Universidad de Edimburgo, fue categórica al afirmar que celebrar el Tour «podría ser un desastre y lo más inteligente sería cancelarlo». «La organización del Tour tiene que sopesar los riesgos contra los beneficios. Miles de personas de todo el mundo, reunidas, moviéndose, de pueblo en pueblo, aquí es donde un virus podría prosperar, podría ser una receta para el desastre. Definitivamente existe el riesgo de que el Tour de Francia se celebre y propague involuntariamente el virus para iniciar un nuevo bloqueo».

La opinión de Sridhar está avalada por otra serie de expertos que se han pronunciado sobre el asunto. Benjamin Cowie, profesor de epidemiología de la Universidad de Melbourne, señala en Sporza que «si el Tour se celebra como habitualmente habrá serios problemas de salud al comienzo de la carrera en agosto».

El profesor de enfermedades infecciosas de la Universidad de Roma Sefano D’Amelio se refiere a la aglomeración de público en las carreteras del Tour de Francia, sobre todo en los puertos de montaña. «Hemos visto la afluencia de público en subidas como el Izoard o el Tourmalet. Eso es completamente imposible. Además, es probable una segunda ola del virus, que será menos severa y llegará en septiembre u octubre. Eso coincide con el Tour y el Giro. Lo siento», apostilla D’Amelio.

Para Dean Winslow, profesor de la Universidad de Stanford, está demostrado que «los ciclistas esparcen gotas contaminadas que alcanzan hasta 4 o 5 metros», lo que hace muy peligrosa la presencia de espectadores.

Prudencia

Los equipos no están al margen de las opiniones de los expertos. Todo el colectivo ciclista admite sin reservas que lo primero es la salud y que la última palabra la tendrá el invisible pero demoledor virus.

El equipo Ineos, donde militan Chris Froome, Egan Bernal, Geraint Thomas y Richard Carapaz, lo ha dejado claro a través de su director, Dave Brailsford. «Nos reservaremos el derecho a retirarnos si lo creemos necesario. Si la carrera sigue adelante, participaremos, pero igualmente analizaremos la situación y cómo se van desarrollando las cosas, como hicimos con la París-Niza».

Los corredores han recibido una buena dosis de moral con la planificación del calendario, pero muchos se han manifestado con prudencia, e incluso con poco convencimiento sobre la posibilidad de reanudar la temporada.

Alejandro Valverde, campeón mundial en 2018, de 39 años, no se muestra demasiado esperanzado de cumplir con el calendario propuesto por la UCI. «Queremos que vuelva la normalidad, pero veo complicado que este año podamos correr. Al principio de la cuarentena tenía esperanzas pero ahora creo que no habrá carreras».

El alemán Maximilian Schachmann (Bora-Hansgrohe), ganador de la París-Niza 2020, se mostró «feliz» por la posibilidad de que se dispute el Tour en las nuevas fechas previstas, pero matizó que «si no se puede garantizar la salud de los ciclistas habría que pensar en la cancelación».

El eslovaco Peter Sagan, triple campeón mundial de fondo en carretera, se muestra prudente y valora los esfuerzos de la UCI por organizar un nuevo calendario, pero ante todo pide «prudencia y acatar las reglas sanitarias y volver a correr cuando la situación lo permita».

La suspensión del Tour sería «caótica» para el ciclismo. De la carrera francesa depende la supervivencia de muchos equipos, y por lo tanto, el puesto de trabajo de buena parte del pelotón. En otros aspectos, ingresos televisivos, patrocinadores, turismo, etc, las pérdidas podrían ser millonarias.

El mítico Bernard Hinault, cinco veces ganador del Tour, resumió el sentir del colectivo ciclista: contento con el calendario, pero cauto. «Estoy feliz por los organizadores, corredores, espectadores, por los amantes del ciclismo, pero creo que debemos tener cuidado y asegurarnos de que toda esta pandemia realmente haya terminado para poder comenzar de nuevo».

Cyrille Guimard, veterano director deportivo francés, se declara «muy pesimista sobre el hecho de que podamos correr este año. Al comienzo del encierro, no esperaba perder este año, pero viendo cómo todo esto está evolucionando, lo pienso cada vez más».

Mientras continua la pandemia, el ciclismo transpira por todos sus poros. Momento crucial para este deporte. Salvar el Tour es el lema principal, pero no a cualquier precio. La salud lo primero.

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