Lecciones de Churchill

Churchill representa para Occidente el gran referente del liderazgo frente a la brutal pulsión autoritaria del nazismo y el fascismo. Por eso el gran político está siendo citado por la derecha y por la izquierda, aunque cuenta algún malvado biógrafo que muchas de sus ocurrencias fueron robadas a Edward Gibbon, el gran historiador del XVIII británico que glosó la caída del imperio romano. Quizá la frase más conocida fue la que pronunció el 13 de mayo de 1940 en los Comunes, dos días después de tomar posesión del cargo de primer ministro que dejaba vacante Neville Chamberlain, cuando, tomando una frase de Roosevelt, ofreció a sus compatriotas «Sangre, esfuerzo, lágrimas y sudor» en el camino hacia la victoria en la Segunda Guerra Mundial. En aquel momento, ocho meses después del principio de la conflagración, estaba teniendo lugar la batalla de Francia y pintaban bastos para los aliados.

Sin duda, el liderazgo de Churchill fue decisivo para catalizar la coalición frente al Eje, para involucrar a los Estados Unidos en la contienda -la reelección de Roosevelt en 1940 fue providencial-, para infundir moral a sus soldados, para mantener el vigor de la sociedad civil bombardeada y para auspiciar en definitiva la más importante victoria que la civilización ha conseguido sobre el fanatismo, el supremacismo racial y el desprecio a los valores humanos. Tanto Sánchez como Casado harían bien emulando su ejecutoria, que es altamente instructiva.Como se ha recordado recientemente, lo primero que hizo Sir Winston tras su nombramiento fue formar un gobierno de concentración con representación de todos los partidos, incorporando a su gabinete de guerra de cinco miembros a su detestado Chamberlain y a la oposición laborista; de hecho, Clement Attlee, el líder laborista, fue su viceprimer ministro en el gobierno de coalición. Attlee, apodado ‘el Pigmeo’, se ocupaba de la política doméstica y de mantener a pleno rendimiento la maquinaria de guerra, mientras Churchill trazaba la estrategia y mantenía la moral de la nación con su oratoria.

Tanto Sánchez como Casado harían bien emulando la ejecutoria de Sir Winston, que es altamente instructiva

La estrategia no fue mala: Churchill ganó la guerra mundial, junto a sus aliados, y pasó a la historia por ello; sin embargo, el laborista Attlee, segundón durante la guerra, ganó las elecciones de 1945, en lo que muchos vieron como una ingratitud de los británicos hacia quien les había llevado a la victoria. Churchill fue de nuevo primer ministro en 1951, y se mantuvo al frente del gobierno hasta su retirada en abril de 1955. Churchill y Atlee, rivales siempre, colaboradores por la patria, están hoy, como luminarias, en lo más alto de la historia británica.

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