«Que no mueran más ancianos de pena que de Covid-19»

Algunos habían empezado ya a arrojar la toalla. Encerrados en sus habitaciones, aislados de todo contacto con sus seres queridos, aquejados por la enfermedad e inquietos por la pandemia, muchos ancianos residentes en geriátricos han empezado a sentir el zarpazo de la depresión. Tras un mes y medio de soledad, la decisión del Gobierno de volver a permitir las visitas ha sido acogida con enorme alivio por las familias y con un aluvión de demandas para restablecer un contacto que, hoy más que nunca, es vital para muchos mayores.

«Desde el primer día se han recibido muchísimas llamadas de familiares», desvela a este diario Eric Fregona, director adjunto de una de las asociaciones del sector que reivindica desde el inicio del confinamiento la importancia de restablecer las visitas. Para muchos residentes, especialmente aquellos con problemas cognitivos como el alzheimer, el aislamiento ha sido devastador y les ha generado un enorme «sufrimiento psicológico». «Algunos no llegan a entender por qué no van a visitarlos y se sienten abandonados», explica este responsable de la Asociación de Directores al Servicio de las Personas Mayores.

El anuncio de que las visitas podrán reanudarse lo hizo sin embargo el Ejecutivo por sorpresa el domingo y muchas residencias no estaban preparadas. Los encuentros, advirtió el ministro de Sanidad, Olivier Véran, se llevarán a cabo «en condiciones extremadamente limitadas» y sin contacto físico. Cada residencia deberá decidir cómo se va a organizar y de qué forma se podrá garantizar la seguridad.

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Los ancianos podrán recibir la visita de un máximo de dos familiares, a los que verán uno a uno y durante media hora. «Hemos pedido paciencia», admitía Fregona, señalando que priorizarán aquellos asilados que no han podido tener contacto a través de videollamadas con sus seres queridos, «pero el deseo es que a finales de semana, todas las familias que lo pidan hayan podido pasar algo de tiempo con sus seres queridos».

‘Síndrome del derrumbe’

En la residencia ‘Lumières d’Automne’, de Saint-Ouen, en la periferia de París, este martes habían habilitado el jardín para llevar a cabo las visitas. Los pensionistas podrán pasearse a partir de ahora a una distancia prudente de sus familiares. Ambos deberán llevar mascarillas y no podrán tocarse pero, como recordaba el propio ministro, «se pueden decir muchas cosas con la mirada a las personas que queremos». Su directora, Eve Guillaume, relataba a ‘BFM’ que habían constatado una bajada en el ánimo de los ancianos, algunos de los cuales habían empezado a sufrir lo que se conoce como el ‘síndrome del derrumbe’, un deterioro progresivo de las capacidades cognitivas y físicas por la depresión.

En el departamento de Bajo Rin la medida se aplica desde el pasado sábado y su presidente, Frédéric Bierry, tiene claro por qué: «No queremos que un día mueran más personas mayores de pena, porque se dejan morir, que de Covid-19», señaló a AFP.

Francia prohibió las visitas en los geriátricos el 11 de marzo, una semana antes de poner en marcha el confinamiento de la población. Algunos centros, ya afectados por el nuevo coronavirus, las vetaron incluso antes. Eso no ha impedido que un 45% de las residencias de mayores hayan contabilizado al menos un caso de Covid-19, y que la epidemia haya pasado como un tsunami devastador por algunos centros. En total, 7.752 personas han fallecido en estos centros desde el inicio de la crisis sanitaria.

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