Tras el águila

El libro se titula ‘Tras el águila del César’ y su autor es Luys Santa Marina. Tuve la primera noticia, si no recuerdo mal, hace años leyendo el ensayo de Andrés Trapiello ‘Las armas y las letras’. Esto necesito conseguirlo porque huele a victoria, pensé. Aprovechando los días de cárcel doméstica, iluminado de súbito, le encargué la misión a un amigo habilidoso en compras vía red (un abrazo, Mon) y este me consiguió rapidito una edición de Planeta del año 80. Devoré las páginas del tirón.

«De verbo florido y violento», dijo González Ruano. «La verdad es que hablando parecía un fanático y actuando resultaba un liberal», dijo Dionisio Ridruejo. «Carne inmortal de la lengua española», dijo Rafael García Serrano. «Ambos acabaron igual: honrados y varados, apestados», dijo Max Aub (amigo suyo) refiriéndose Luys Santa Marina y Sánchez Mazas. Ruano se equivoca a medias: el inclasificable libro, pues ignoro si es novela, no es violento y florido; es violento y seco, violento y preciso, violento y poético, violento y épico, violento y enigmático y vanguardista y diferente y alucinante. Se publicó en 1924. La República lo prohibió y el franquismo también. No existe trama, ni hilo argumental, ni protagonistas. Los capítulos, si así pueden llamarse, estallan como fogonazos que te queman las meninges. Flashes donde los legionarios que rescatan Melilla tras el desastre de Annual prosiguen la guerra a sangre y fuego. La muerte es un mero, banal contratiempo. Los legionarios incrustados en las refriegas cercenan orejas, narices y cabezas de guerreros musulmanes (‘mojamés’, escribe el autor). Y lo narra desde el tono de entomólogo adicto a la poesía. La calidad de su prosa me aplasta. Si Luys Santa Marina resucitase fliparía con este país acorralado que se entretiene jugando a las cocinitas y la gimnasia casera.

Leave a Reply