Un cura organiza bodas telemáticas para las parejas que no pueden casarse por el confinamiento

Rafael Melgar Martín-Fontecha, párroco de Moral de Calatrava (Ciudad Real), ha encontrado una solución para calmar los ánimos de quienes tenían pensado casarse en primavera en este pueblo de 5.200 habitantes pero no pueden hacerlo por el confinamiento obligado: bodas telemáticas que, aunque no tienen validez legal, sirven para que novios e invitados pasen un rato divertido conectados a internet.

En la última de estas ceremonias simbólicas, que se celebró el pasado fin de semana, se conectaron una pareja de novios, el padre Rafael y una veintena de invitados a través de una aplicación de videollamadas. En esta boda virtual nada faltó: hubo hasta vals y brindis. «Para quienes llevaban tiempo preparando su boda, este confinamiento es un gran problema», explica este párroco que aclara que «aunque la boda no es válida, todos recordarán este momento. Es lo único que podemos hacer ahora: poner un poco de humor y esperanza y que los novios lo vivan con ilusión y al menos se digan que se quieren para toda la vida y compartir sus vidas».

«Dalsyflor Virginem» para los hijos

Este sacerdote tenía previsto casar a 15 parejas del pueblo en lo que queda de 2020 pero el estado de alarma ha desbaratado estos planes y todas las parejas le han comunicado que retrasarán las celebraciones a 2021 «porque no quieren bodas con restricciones como no poder darse un abrazo». «Habrá que ajustar muchas fechas y horarios en 2021 porque ya tenía hecha la agenda del año que viene y habrá que oficiar varias bodas en un mismo día», aventura el padre Rafael, que no es nuevo en el uso de las nuevas tecnologías para su labor pastoral. A través de Whatsapp suele mandar mensajes a los grupos parroquiales llamando a la confesión o a participar en charlas y hace dos años envió una imagen que se hizo viral bajo el título de «Dalsyflor Virginem. El mejor medicamento para tus hijos».

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Un juego de palabras (el medicamento Dalsy, las flores de mayo y virgen en latín) escrito en una caja donde se especificaba que «este medicamento puede ponerse al alcance de los hijos» y que hacía referencia a una tradición de Moral de Calatrava en mayo, cuando las madres acuden a una ermita del pueblo a rezar por sus hijos.

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