Adriana Iglesias: «Valencia es uno de los mejores pasos que he dado en mi vida»

El día en que Adriana Iglesias vio a Jane Fonda vestida con uno de sus diseños apenas lo podía creer. Veía cumplido un sueño, aquel que empezó como en un salto sin red dejando atrás el prestigio de un trabajo de ejecutiva y la comodidad de un generoso sueldo a fin de mes. Seis años después de aquella reinvención, pandemia de por medio, nos comunicamos por teléfono, ella en casa con sus dos hijas, en el centro de Valencia. «Tenemos suerte de vivir en una plaza y podemos ver el verde de los árboles», dice Adriana Iglesias, que sabe lo que es vivir siempre pendiente de un hilo en el complicado mundo de la moda. Porque esta asturiana ha experimentado a la vez las dos caras de la moneda ya que, mientras sufría día a día, perdía la cuenta de las famosas que ejercían de embajadoras de su firma. Entre otras, Hailey Baldwin, Sofia Vergara, Isabel Preysler o Sara Carbonero.

-¿Cómo está pasando estas semanas?

-Soy afortunada porque ni yo ni ninguna de las personas que quiero han enfermado, así que no me puedo quejar. Estoy pasándolo con mis hijas, y el tiempo vuela, porque no paro de hacer cosas. Al mismo tiempo, siento mucha tristeza por lo que está pasando; muchos días me cuesta ver las noticias. Saber que la gente mayor está muriendo sola me parte el alma.

-Es evidente que a nivel empresarial, su negocio ya se está viendo resentido.

-Mucho, pero es que yo nunca he estado tranquila, desde que abrí. Esto de emprender es así, un sufrir permanente, pero tuve la suerte de que dos días antes del confinamiento cerré un acuerdo con el Banco de Santander que me permite afrontar esto con otra perspectiva. Hace mucho tiempo que lidio con no tener caja, y es muy duro, no solo como emprendedor, también como persona. Para muchas empresas es irresistible pasar un tiempo sin ingresar. Dicho esto, hay muchas cosas que no van a ser lo que eran y en la moda también. Soy muy positiva, creo que voy a resistir, pero el panorama va a cambiar, desgraciadamente, y mucho.

«Saber que hay ancianos muriendo solos me parte el alma»

-¿En qué sentido cree que lo va a hacer?

-Seguramente las colecciones anuales dejarán de ser cuatro y se quedarán en dos. Puede que tengamos otra mirada, por la calidad, por las cosas bien hechas, por la atemporalidad, por la conciencia social. Quizás estas fortalezas, que están en nuestro ADN desde el principio, se pongan más en valor. Lo que sí está claro es que va a haber un antes y un después.

Adriana Iglesias podría hablar de moda, de tendencias, de referentes, de temporadas, de pasarelas y de colecciones. Se lo sabe de memoria, lo vive intensamente, pero ella, aunque sea por teléfono, sin poder escucharnos a los ojos, se saca el corazón y me lo regala, con una sensibilidad y una sencillez que llama la atención.

-Usted sabe de qué va eso de enfrentarse a retos complicados, de reinventarse, de perseguir aquello en lo que creía. Empezó de tienda en tienda con sus diseños.

-He nacido para luchar, y yo no tiro la toalla, de verdad, pero es que se me cae. No sé qué tengo dentro que hay algo que me hace ver que lo voy a poder hacer, y me esfuerzo más todavía. Por eso, al principio me planteaba que si la gente no puede volver a viajar, pues ya voy donde sea. Y como ahora está claro que tampoco yo lo voy a poder hacer, ya estoy pensando si al sur de Francia, donde empecé vendiendo tienda por tienda, podré ir con el coche. No puedo estar quieta.

Después de una reinvención nada fácil, esta ingeniera de formación viste a famosas a nivel internacional.

Después de una reinvención nada fácil, esta ingeniera de formación viste a famosas a nivel internacional. / Miguel Reveriego

-Una de sus primeras reinvenciones es que en realidad su mundo profesional hasta hace seis años poco tenía que ver con la moda.

-Es cierto. Estudié Ingeniería de Telecomunicaciones, y no me arrepiento en absoluto porque es una formación que me ha ayudado en mi forma de ser. Me sirve para pensar, enfocar la mente y ser práctica aplicando conocimientos. Siempre he sido muy ecléctica, me pasa incluso con mis gustos por la música. Mi formación fue así, mis padres trabajaban todo el día y yo, después del colegio, iba a piano, a ballet y a mil cosas más.

«Soy muy soñadora, me gusta pensar a lo grande. No me ando con medias tintas»

-¿Por qué estudió una carrera tan técnica?

-Como era buena estudiante, y un poco influenciada por mi padre, estudié la carrera para la que en ese momento más nota pedían, más salida tenía, para asegurarme el futuro. No le di importancia, la verdad, no fue algo vocacional pero cuando salí me fue tan bien… empecé a viajar, otra de mis pasiones, y me resultó difícil decir que no a una profesión prestigiosa y en la que tenía unas condiciones excelentes desde tan joven. Mientras, yo seguía con mis revistas de moda, y en mi cabeza se disparaba a veces esa idea, pero me parecía algo irresponsable abandonar una vida cómoda y segura por algo que no dejaba de ser un sueño. Luego lo hice.

-¿Se reconoce así?

-Sí, soy muy soñadora, me gusta pensar a lo grande, porque yo no quería trabajar en una empresa relacionada con la moda, aspiraba a tener una marca propia. No me ando con medias tintas (ríe). Me ilusiono mucho con las cosas; ya de pequeña lo hacía. Teleco ha sido mi toma a tierra.

-Puede que haya mucho de valentía, porque el miedo es una de las emociones que más le pueden influir a la hora de tomar, o no, una decisión.

-Soy miedosa para algunas cosas, por ejemplo, me reconozco muy hipocondríaca, pero nunca me he dejado paralizar por el miedo. Este proyecto es tan mi vida, lo que hago me gusta tanto, me mueve tanto por dentro, que todo el esfuerzo me nace solo. No sé si me explico bien. Cuando yo tocaba un sábado ocho horas el piano lo pasaba mal. Y ahora estoy agotada, son mis hijas las que a veces me dicen: «no has comido», pero lo disfruto tanto que me compensa. Eso no quiere decir que no haya pasado momentos en los que me he levantado diciendo: «ahora cómo salgo de esta». Se lo digo a mis padres: «lo habéis debido hacer muy bien porque tengo algo que me hace continuar, y que me gustaría saber trasladar a mis hijas». Ellos dicen que ya desde niña era así, que siempre trataba de sacarle el lado positivo a todo. Creo también que me ayuda el hecho de ser muy emocional y agradecida. Hago un ejercicio mental a diario, el de pensar en todas las cosas buenas que tengo, y con esa fuerza soluciono el resto.

-¿Cuanto hay de su proyecto en el hecho de ser madre?

-A mí convertirme en madre me cambió la vida por completo. Es como si pudieras ver a través de otros ojos, viviendo todo con una conciencia mucho mayor y preocupada por ser un buen ejemplo para ellas. Yo soy también muy disfrutona, adoro estar con mis hijas, y aunque el tiempo que tengo es poco como andan siempre cerca es fácil. Estamos muy unidas.

«Desde que soy madre veo a través de otros ojos, con una conciencia mucho mayor»

-Otro de sus cambios fue Valencia. A nosotros nos queda muy lejos la ciudad donde nació, Oviedo.

-Sí, está lejos (ríe). Valencia es uno de los mejores pasos que di. Es como Oviedo con buen tiempo, una ciudad en la que yo iba andando a todas partes, como han hecho mis hijas aquí. Los años que viví en Madrid mi día a día era de locos. Aquí gané tanto en tiempo y en calidad de vida que no tengo palabras. Cuando hablo del espíritu mediterráneo no me siento menos asturiana por ello, pero es que a mí el sol me da la vida. Esta luz me da buen rollo, me encanta el mar y, cuando puedo, voy caminando hasta la playa, me doy un paseo por allí y me parece la gran vida. Vivir un lugar así me parece un privilegio. Es inspirador.

-¿Qué le ha quedado de asturiana?

-En Asturias somos muy familiares, los primos son como hermanos, somos muy piña y mis hijas lo han heredado a fuego. Disfruto muchísimo esas reuniones alrededor de la mesa, donde las comidas se hacen meriendas y acabas con el arroz con leche y ni siquiera sabes si estás cenando o desayunando. Esa vida tranquila y sencilla, de naturaleza y familia, valoro más a medida que me hago mayor. He estado en muchos lugares, no me siento extraña en ningún sitio pero allí me noto segura y en paz. En casa.

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