Presidencia mantiene intervenida Sanidad pese a relajarse las cifras del Covid

La Conselleria de Sanidad tardará más de lo previsto en recuperar la nueva normalidad. Al menos en lo que a su autonomía política y de gestión se refiere. Presidencia ha intervenido de facto el área que dirige Ana Barceló desde que se declarara el estado de alarma, del mismo modo que el Gobierno central se quedó el mando único de la gestión de la pandemia. El Palau ha asumido el centro de operaciones y la voz cantante en todos los temas sanitarios desde casi el inicio de la pandemia y la relajación de los datos de positivos y los consecuentes pasos de fase de la Comunitat no han puesto fin a esta tutela.

La contratación de suministros sanitarios para la lucha contra el coronavirus sigue bajo la dirección de la comisión que se creó a principios de la crisis, dependiente de Presidencia. Según las fuentes consultadas, se mantendrá de este modo al menos durante las próximas semanas, incluso fuera de las fases, en la nueva normalidad. «La conselleria necesitará ayuda durante mucho tiempo», aseguran desde el gobierno valenciano para justificar en una especie de salvación lo que otros tildan de intervención. «La contratación era complicada ya antes de la pandemia y lo seguirá siendo hasta que se descarten rebrotes», aseguran desde el entorno del Palau.

Otras fuentes aseguran que la comisión de compras ha relajado ya su intervención y los implicados han alternado la proporción del tiempo que dedicaban a la pandemia (casi en su totalidad) respecto a la que lo hacían a los cargos para los que habían sido nombrados en sus consellerias de origen. «Se ha demostrado la eficacia de la comisionada y eso es una noticia positiva para todo el Consell», aseguran.

La comisión, encabezada por la secretaria autonómica de Modelo Económico, María José Mira, cuenta con otros cuatro miembros, de los departamentos de Economía, Presidencia y Sanidad, y se creó, para centralizar las compras de material sanitario y ayudar a una conselleria desbordada por el volumen de gestión en medio de una urgencia para el abastecimiento en mercados extranjeros en los que, precisamente, no era fácil encontrar producto. De hecho, con la publicación de los primeros contratos de suministros adquiridos en China se hizo evidente el caos en la contratación llevada a cabo por Sanidad. En concreto, el primero y más cuantioso de los pedidos, de 31,5 millones de euros a la firma de un empresario chino afincado en Ontinyent, fue vestido después de que se hiciera la compra, en base a legislación que todavía no había sido aprobada. Sanidad solventó el embrollo con una corrección de errores, pero el falló ha acabado en la Agencia Antifraude y podría seguir los mismos pasos hacia los tribunales.

«Es necesario seguir prestando apoyo logístico a Sanidad» reconocen desde el Consell para justificar la intervención. Pero, lo cierto es que cada vez son más las voces que dan por amortizada la gestión en el departamento a largo plazo. Aunque desde Presidencia niegan este extremo y defienden la continuidad de la titular y defienden su «gestión y capacidad de trabajo», no son pocos los que ya comienzan a extender la idea de una remodelación separada en el tiempo de la gestión de la pandemia con incluso más nombres.

De hecho, en las últimas semanas la relación entre Sanidad y Presidencia se ha venido enfriando a cuenta de las discrepancias en algunas de las decisiones y la comunicación de las mismas. Sin ir más lejos, con la negativa del Gobierno central a que la Comunitat pasara a la fase 1, a principios de mes, la consellera de Sanidad prefirió no entregar el informe que el Consell había remitido al Ministerio para solicitar la relajación del confinamiento, aludiendo a que el resto de regiones no lo habían enseñado. Pero, 48 horas después, el presidente, Ximo Puig, desautorizó a su responsable de Sanidad y anunció que el informe se hacía público. Lo mismo sucedió con los datos de contagiados y fallecidos por municipios, reservados hasta esta semana. Una decisión consensuada que Barceló defendió y a la que Puig levantó el veto en Les Corts.

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