Génova restaña en parte sus heridas con la inauguración del nuevo puente

 El coche del presidente de la República italiana, Sergio Mattarella, será el primer automóvil en recorrer el nuevo puente Génova-San Giorgio este lunes, cuando se inaugura esta infraestructura que sustituirá al viaducto que se derrumbó el 14 de agosto de 2018, dejando 43 muertos y a unas 600 personas sin poder acceder a sus viviendas. Obra del célebre arquitecto Renzo Piano, la nueva obra restaña en parte la herida que sufrió esta ciudad del noroeste de Italia con el siniestro de hace dos años, que sacó a la luz el abandono que sufren buena parte de las infraestructuras del país. Para que Génova consiga pasar página de manera definitiva hace falta todavía que la justicia dictamine quiénes son los culpables del desastre: la sentencia tardará porque el proceso aún no ha comenzado al alargarse las investigaciones previas.

     Los familiares de las víctimas no participarán en la ceremonia de inauguración, que tendrá un carácter sobrio y en la que sonará el himno nacional y una canción del cantautor genovés Fabrizio De André. «Humanamente para nosotros es demasiado duro. No podemos hacerlo», confiesa a este diario Egle Possetti, de 55 años, presidenta del ‘Comité en recuerdo de las víctimas del puente Morandi’. «Nos reuniremos en modo privado antes de la ceremonia con Mattarella, que ha mediado con las autoridades locales y regionales porque pretendían hacer una inauguración ruidosa. Nosotros en cambio queríamos que fuera algo tranquilo y sobrio y como no nos escuchaban, les prohibimos que dijeran el nombre de nuestros seres queridos fallecidos. Al final el presidente de la República habló con las autoridades y les invitó a que fuera una ceremonia sobria y no un momento de división», explica Possetti, que perdió en la tragedia a su hermana, su cuñado y sus dos sobrinos.

     Tampoco estarán en el acto para celebrar el fin de las obras los alrededor de 600 vecinos que tenían sus viviendas bajo el antiguo puente Morandi y que se han quedado sin casa, pues los edificios han sido derruidos o lo serán próximamente. «Para nosotros todo habrá terminado cuando se haya completado la parte de abajo, que era donde vivíamos. Es un proyecto que todavía tiene que empezar, aunque no sabemos cuándo será. Esperemos que se desarrolle igual de rápido que el viaducto», cuenta Franco Ravera, de 63 años, presidente de la Asociación ‘Los del puente Morandi’, que aglutina a los antiguos desplazados, que ya han recibido las ayudas económicas que le correspondían y han conseguido así reiniciar sus vidas.

Daños colaterales

Ravera considera que ellos son los «daños colaterales» de la tragedia, aunque califica de «mínimo» su dolor respecto al de aquellos que perdieron a sus seres queridos en el derrumbe del 14 de agosto de 2018. Parece darle la razón la descripción que la presidenta de la asociación de los familiares de las víctimas hace de cómo lleva el luto hoy, cuando han pasado casi dos años del desastre. «Aún vertimos muchas lágrimas, son unas muertes muy difíciles de aceptar. Haberte quedado sin familia es algo tan terrible como complicado de describir, aunque también nos ha dado muchas ganas de luchar, de no encerrarnos en casa con nuestro dolor y de presionar para que se le haga justicia a nuestros seres queridos».

Entre los investigados de un proceso que se prevé complejo hay 74 personas, entre ellas los responsables del grupo Atlantia, la empresa propiedad de la familia Benetton que controlaba Autostrade per l’Italia (Aspi), la compañía encargada de explotar y mantener el puente.

El pasado 15 de julio el Gobierno anunció la nacionalización de Aspi, que tiene la concesión de 3.250 kilómetros de autopistas italianas, lo que supone la mitad de la red de pago del país. Aunque considera que le corresponde a la Justicia determinar quiénes tuvieron «mayor o menor responsabilidad» en la tragedia, Possetti señala a la concesionaria cuando se le pregunta por los posibles culpables. «Esta empresa gestionaba un bien que es de todos los ciudadanos y se ha ahorrado dinero durante años con la manutención, por lo que de algún modo debe ahora resarcir al Estado. No debemos ser los ciudadanos los que paguemos otra vez. Hay que buscar un modo de gestión diferente, porque no nos sentimos seguros con nuestros puentes y autovías».

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