Kanye West, el rapero bipolar que quiere ser presidente

Protegido por un chaleco antibalas y con fondo de bandera de barras y estrellas, Kanye West se vino arriba frente a unos cuantos fans que pasaron de la risa fácil y los aplausos al asombro y los gritos de «¡eres buen padre!». Sobre ese escenario parco y luminoso, anunciaba su candidatura oficial a la presidencia de Estados Unidos junto a sórdidas confesiones y teorías de conspiración. Una candidatura de pega, porque ha vencido el plazo para presentarse en varios estados norteamericanos y no ha comenzado a reunir los apoyos para los que quedan. Aunque si al final se aplazan las elecciones de noviembre como quiere Trump… Nunca se sabe.

No tiene partido político pero sí una fortuna valorada en 1.300 millones de euros, según ‘Forbes’ gracias a la venta de 100 millones de álbumes y a los contratos de publicidad que el músico tiene con firmas como Adidas.

La semana pasada, en ese acto de Carolina del Sur, West pintó su autorretrato en siete minutos. Su padre, un fotógrafo que «siempre estaba pendiente de las noticias de Fox», quiso que su madre abortara pero ella se opuso, «No habría habido Kanye West porque mi padre estaba demasiado ocupado», aseguró en un discurso que a veces rozaba la incoherencia. «Mi mamá me salvó la vida».

En contra del estereotipo del rapero afroamericano, West (Atlanta, 1977) no proviene de los bajos fondos. Su padre era un reconocido profesional y su madre, profesora de la Universidad de Chicago. West, que suele hablar de sí mismo en tercera persona, hizo estudios superiores tanto en una academia de arte como en la facultad de su madre. De hecho, ni siquiera era considerado un rapero cuando comenzó en la música pero sí tenía reputación de buen productor. Con tesón y esfuerzo logró que la crítica le reconociera como tal.

Antes de lanzar su premiado quinto disco ‘My Beautiful Dark Twisted Fantasy’ (2010), West había trabajado con artistas como Alicia Keys, se había inspirado en Chaka Khan y había afirmado que su banda favorita era Franz Ferdinand. El fotogénico, guapo y musculoso hombre de piel oscura ha logrado el cariño de la industria, con 21 premios Grammy y portadas en revistas como ‘Rolling Stone’ o ‘Time’, que lo nombró dos veces una de las 100 personalidades «más influyentes del mundo».

Del montón de raperos del mismo corte, West destacó en 2012 al emparejarse con Kim Kardashian, la mujer más mentada del planeta. Aun cuando es el padre de sus cuatro hijos, West no es el protagonista del conocido ‘sextape’, o vídeo sexual de la estrella del Instagram. Otro músico de hip hop, Ray J, ya había rodado por internet un largo y posado metraje erótico -al comienzo- y pornográfico -al final-, con la Kardashian, cosa que West imitó después y que se hubiera quedado en el inframundo de internet si ambos cantantes no se hubieran enfrentado, cual ‘pelea de gallos’, por las escenas subidas de tono. Ray J escribió una canción en la que reivindicaba haber llegado primero y West respondió en vivo en un programa de televisión de gran audiencia con alguna amenaza en verso que no cumplió.

De su relación con Kardashian llegó el momento más importante de la vida de West, según dijo el artista en medio del delirio ante ese pequeño tumulto que asistió a su mitin político previa inscripción. Con la cifra 2020 silueteada en su cabellera contó que durante una gira, viviendo con el «estilo de vida del rapero» con «muchas novias», recibió una llamada de la ‘celebrity’ justo cuando él sopesaba terminar con la relación. Ella lloraba y gritaba, dijo West, y le dijo que estaba embarazada. «Durante uno, dos y tres meses hablamos de no tener ese hijo», confesó West mientras una de las asistentes lo grababa con un móvil. «En sus manos ella tenía las píldoras» (abortivas).

Epifanía

Adicto confeso a la pornografía y a un «primo de la heroína» y diagnosticado de bipolaridad por la propia Kardashian, West prosiguió la historia de su vida aquella noche electoral. Estaba en París, vestido con «pantalones de cuero», frente a su ordenador portátil y con «ideas creativas» cuando tuvo una revelación. La pantalla se puso en «blanco y negro» y le habló Dios, aseguró este hombre que se declara ferviente cristiano «renacido» y que ha dedicado uno de sus últimos álbumes a Jesús.

Entonces, continuó su relato, él llamó a Kardashian y le dijo que quería tener al bebé. Nació así su primer hijo en 2013, una niña bautizada como North (Norte, juntos, nombre y apellido, componen la ubicación ‘noroeste’). Casados desde 2014, Kardashian le ha pedido que ingrese en un psiquiátrico para tratarse la enfermedad, pero él se niega. No sería la primera vez. Cuando tenía 39 años estuvo hospitalizado por «falta de sueño», justificaron sus portavoces en aquella oportunidad.

Con una candidatura que muy difícilmente saldrá adelante, porque ha sido planteada fuera de plazo, West sin embargo ha asomado algunas promesas políticas. Aunque sólo es seguro que aparecerá en la papeleta electoral de Oklahoma, West corteja al mismo elector populista de Donald Trump, al que apoyó frente a Hillary Clinton, a la que incluso insultó en algún concierto.

En una de sus salidas del rancho que tiene en Wyoming, valorado en 12 millones de euros y con diez baños, para hacer campaña, West ha dicho que combatirá el aborto subvencionando con «50.000 dólares al año para el cuidado de los hijos», y señalará lugares donde «disparar pistolas gratis». Quiere fomentar una autodefensa civil frente a la amenaza de «otros países que sí tienen armas» y que podrían «esclavizar» a los norteamericanos. «Podrías pensar que has fisgoneado la escena, pero no. La realidad es demasiado mezquina», escribió en una de sus mejores canciones. Su realidad, desde luego que sí.

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