Juegos de la edad temprana

David empezó jugando con 16 o 17 años a las máquinas tragaperras, al principio poco, pero la cantidad de monedas iba en aumento. Comenzó a mentir a su familia y amigos, a manipular y a robar pequeñas cantidades de dinero. A continuación frecuentó las salas de bingo, que daban premios más sustanciosos, lo que suponía mayores posibilidades de recuperar el dinero perdido. Del bingo pasó al salón recreativo para terminar siendo un asiduo de los casinos. En 1997 llegó a tener una deuda que ascendía a 400.000 pesetas y para salir del paso abrió la caja de caudales de la empresa en que trabajaba su padre, quien repuso la cantidad para no ser despedido. Rompió con su novia, se marchó de casa, falsificó documentos bancarios para obtener liquidez y acabó siendo detenido y condenado a 13 años de prisión. Ya con el tercer grado concedido, se presentó en la Asociación Gallega de Jugadores Anónimos, donde emprendió un lento camino hacia la rehabilitación.

El de David es un caso extremo, pero ilustra de forma elocuente las consecuencias sociales, laborales y psicológicas de la adicción al juego. Los nuevos ludópatas nacen al abrigo del juego ‘online’, que ha supuesto la caída en la adicción de personas cada vez más jóvenes. Los psicólogos y trabajadores sociales atienden cada vez más a personas que se iniciaron en el juego a edades tempranas incluso siendo menores. «Claramente ha habido un cambio en el perfil del jugador. Desde la legalización del juego ‘online’ y la publicidad en los medios de comunicación se ha producido un descenso en la edad y un cambio en la modalidad. De las máquinas tragaperras se ha pasado a las apuestas deportivas, que hace más fácil el acceso a los usuarios y garantiza el anonimato», asegura el director técnico de la Federación Española de Jugadores de Azar Rehabilitados (Fejar), Juan Lamas.

Manuel (nombre ficticio) es un claro exponente de cómo la nueva hornada de jugadores ha sustituido las tragaperras por el teléfono móvil. Este malagueño convirtió lo que al principio era un puro entretenimiento en una obsesión. «Al levantarme lo primero que hacía era mirar el móvil. Las alarmas no dejaban de sonar. La batería se agotaba enseguida porque pujaba en cualquier deporte, desde voleibol hasta hockey sobre hielo o fútbol. «Cualquier cosa me valía, lo que importaba era ganar dinero». Dilapidó 40.000 euros en unos cinco años. Su vida era una ristra de embustes para conseguir dinero una y otra vez, hasta que se miró en el espejo y no le gustó lo que vio. «Era un enfermo». Acudió a la asociación provincial de jugadores rehabilitados y siguió una estricta terapia. Ahora no se permite jugar a nada, ni siquiera a la Primitiva.

Los procedimientos para encarar la ludopatía pasan por la aceptación de la enfermedad, asistir a un centro de tratamiento con grupos de autoayuda donde hay personas en la misma situación y sincerarse con uno mismo. «Es imprescindible que lo que has estado ocultando hasta el momento emerja: deudas, tarjetas de crédito, mentiras para ocultar la ludopatía», explica Manuel.

Autoprohibición

Por lo general, las asociaciones piden a los pacientes que firmen una autoprohibición que les impida entrar en casinos y bingos y acceder a juegos ‘online’. Demandan al usuario que delegue en un familiar el control absoluto de su dinero y reconozca las deudas contraídas, si las hay, y un plan para su devolución.

En su empeño por deshacerse de su adicción, Manuel dejó de jugar absolutamente a todo. «Ni cartas ni videojuegos, nada. Puede parecer absurdo no poder jugar ni siquiera al parchís, pero es un aspecto fundamental del tratamiento, sobre todo al comienzo. El ludópata tiene problemas para controlar su conducta de juego», apunta.

Muchos adictos al azar acaban cayendo en la trampa de pedir créditos rápidos, de manera que acaban endeudados hasta las cejas. Para prevenir efectos indeseados, la Fejar y la Asociación Española de Fintech e Insurtech (Aefi) acordaron crear un fichero para que las personas con problemas de ludopatía pudieran apuntarse y no recibir este tipo de préstamos. Pero la iniciativa está en punto muerto, según Juan Lamas, puesto que tras la declaración del estado de alarma no se ha avanzado en su desarrollo. Estaba previsto que se implantara en 2021.

Según Lamas, la nueva normativa que regulará la publicidad de las apuestas de juego digitales tardará unos meses en llegar. «No se trata ni siquiera de una ley, es un decreto que relegará la publicidad a la madrugada», dice Lamas.

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