Desastre asegurado

Gracias al frenesí por reescribir la Historia o por hilvanar historietas a la carta saturadas de maniqueísmo que inundan su propio cerebro, una importante parte de la izquierda considera que la Républica supuso un estallido de buenismo y prosperidad global desbaratado por la burguesía maligna, los ricos, los poderosos, los militronchos y otras aves predadoras de difusa condición; esto es, todos aquellos que no piensan exactamente como ellos.

De la segunda República basta con leer lo que opinaba Azaña de los de su bando, y de repasar algunos ensayos de aquí y de allá. De la primera queda para el recuerdo la magnífica frase pronunciada por su primer presidente, Estanislao Figueras, aquel tonitruante: «Señores, estoy hasta los cojones de nosotros». En ese bramido como de viejo elefante a punto de embestir cristaliza aquel bakalao. Si aquellos brillantes oradores de probada inteligencia y vasta cultura se hundieron el pantanal, ¿se imaginan una républica embridada por Iglesias y sus cuates, unos que han leído poco y mal y encima tochos indigestos? Desastre asegurado, por parafrasear a la inversa a la antaño ministra y hoy fiscal general. Tiemblo sólo de pensarlo. Sin embargo ellos no mienten y su hoja de ruta la ventilan sin cortarse, en esto son honrados. Nunca disimularon su comunismo ni su querencia republicana. Sabemos a qué atenernos. El problema es el de la derecha que calla y otorga y traga y trastabilla y sonríe y gimotea y despista y cobardea y concede mediante su silencio. A la derecha moderada, por así expresarlo, no se le adivina ningún plan capaz de superar el folclore de bajo perfil. Con tal de evitar una Républica dominada por Iglesias me convierto en marichalariano, en undargariano, en lo que sea. Que tenga que venir el marqués de Galapagar para transformarme en monárquico tiene gracia…