El gran olvidado

Cada 9 de septiembre el levantinismo festeja con alardes su aniversario. Sin embargo, tal y como han apuntado Felip Bens y José Luis García Nieves, autores de una voluminosa y muy recomendable historia del club granota, esta efeméride no es sino una falsedad institucionalizada: la elección del 9 de septiembre respondió a una engañifa urdida en 1969 con el objetivo de hacer coincidir, en una fecha redonda y fácil de recordar (9/9), la fundación del viejo Levante FC con la inauguración del estadio de Orriols. La sutil artimaña precisa de una corrección definitiva por dos motivos: por un lado, porque contribuye a falsear la historia granota al dar por verdadero un dato incorrecto; por otro, porque ha servido para borrar de la memoria colectiva tres fechas muy significativas que habrían de suponer -y que cada cual escoja la que más le convenga- puntos más correctos para la celebración: una, el 6 de septiembre, jornada en que José Ballester Gozalvo inscribió registralmente al Levante FC en 1909; otra, el 16 de septiembre, la -discutible- fecha de fundación del Gimnástico, también en 1909, señalada como tal por Amador Sanchis; la última, el 6 de agosto, como día en que en 1939 se certificó la fusión entre ambas sociedades.

Pero, aunque lo parezca, este laberinto de fechas, así como las frecuentes polémicas que alrededor de la antigüedad del Levante se suscitan cada poco tiempo, no constituyen el objeto de este artículo. El día 16 leo un comentario en Twitter de José Zorraquino en el que, tras recordar la fundación del Gimnástico, cita al antiguo club como ‘el gran olvidado’. Tiene razón. A pesar, todo sea dicho, de que la herencia granota en el actual Levante sea esencial para comprender el relato del club. Desde el gimnastiquismo se trasvasaron, ahí es nada, la base social en la ‘ciudad estricta’, la reivindicación del decanato, las barras azulgranas, Vallejo, la habitual apelación al ‘limpio y honroso historial’ como consuelo ante la frustración deportiva y numerosos mitos añejos derivados de la fluvialidad del equipo como las granotas, espléndido elemento simbólico.

¿Por qué se obvia, entonces, al portador de una herencia tan rica y determinante? Quizá por ignorancia de la historia del club, de ahí la importancia de divulgar su relato vital completo. O quizá por la incomodidad que algunos granotas de reciente conversión sienten al tener que asumir la totalidad del legado gimnastiquista. Desde el momento de su fundación como brazo deportivo del Patronato de la Juventud Obrera, el Gimnástico se distinguió por ser, a diferencia del Valencia y el Levante FC, ambos de voluntad interclasista, un club muy marcado ideológicamente: monárquico (con título de Real desde 1926), tan tradicional como tradicionalista, orientado a captar por medio del deporte a cuantos jóvenes pudieran caer en brazos del republicanismo y formado, en su mayoría, por «personas de posición elevada (…) y algunos de clase obrera que no tiene ideas avanzadas». Creado a imagen y semejanza de su ideólogo, Amador Sanchis, el Gimnástico vivió su mejor etapa mientras el deporte se condujo por los caminos del amateurismo. Cuando la profesionalización comenzó a colonizar el fútbol, el proyecto blaugrana quedó condenado al fracaso y a ser visto como algo pasado de moda. Tan solo la entusiasta y emocionante resistencia de sus socios le permitió pervivir, angustiosamente, hasta su fusión con el Levante FC.