La empresa que rastrea la historia de cada diamante

Diamantes sin tallar en Botswana.
Diamantes sin tallar en Botswana.Chris Ratcliffe/Bloomberg

A la industria del lujo, y especialmente la de los diamantes, le cuesta escapar de la sospecha. El brillo que tienen los diamantes, la talla de las piedras, el peso, su color o su origen no se pueden fabricar en una cadena de montaje, y eso define su carácter único y exclusivo. Su valor depende de todas estas cuestiones, pero en los últimos tiempos también de algo que no se encuentra en la piedra: su historia. La información sobre el origen, sobre quién la excavó y por cuántas manos y talleres ha pasado hasta que llega a la tienda es cada vez más importante. Algunos están convencidos de que le añade un valor que lo apuntala como inversión.

Es el caso de Tracemark, una empresa emergente que ha establecido un protocolo de trazabilidad de cada pieza mediante un software encriptado que da la información desde el origen hasta que llega a la tienda. Aupada por la compañía fabricante y distribuidora de diamantes Facet, la start-up prevé facturar sus primeros 1,5 millones de euros el año que viene.

El proyecto viene de una inquietud de la segunda generación en Facet, que fue fundada a finales de los años ochenta por tres jóvenes que trabajaban en la industria del lujo en Barcelona: Josep Miquel Serret, Jaume Garrós y Francesc Quer. Serret tenía 25 años cuando la compañía en la que trabajaba para pagar sus estudios cerró. Estudiante de economía, era contable en una firma especializada en importación de diamantes que dirigía un empresario israelí. Cerrado el negocio y sin empleo, no quiso desaprovechar sus conocimientos y se alió con los otros dos colegas de profesión para montar su propia compañía de importación de diamantes.

Solo Serret sigue al frente de esta empresa, que se ha dedicado en los últimos 30 años a viajar por el mundo, especialmente a la India, el principal extractor de diamantes mundial, para comprar diamantes y venderlos en España y varios países. Tras una experiencia fallida en Botsuana, Serret decidió en 2005 empezar a elaborar sus propios diamantes y se instaló en la India con una fábrica que emplea a 400 personas.

25 millones

Actualmente preside, aunque no es el único accionista, una compañía que sobrevivió a la crisis del mercado del lujo y está presente en Estados Unidos, España y la India. Facet cuenta con 1.500 empresas como clientes y el año pasado facturó 25 millones de euros. Para este año, a causa de la pandemia, se prevén unas ventas de 14 millones y para 2021 la estimación es de 30 millones. Este mes de septiembre, la empresa ha invertido medio millón de euros en una nueva fábrica de 1.000 metros cuadrados de superficie y 40 trabajadores en Córdoba, donde pretende trasladar buena parte de las operaciones que mantiene en la India, muy afectada por la pandemia (la fábrica está al 10% de la producción habitual).

“Este año está perdido porque es completamente atípico. Pero el lujo como sector se mantiene. Nosotros, gracias a Tracemark, vemos que el año que viene vamos a ir como un cohete”, afirma Serret en una entrevista telemática. Su hija Berta es la que impulsa este proyecto de trazabilidad de los diamantes. “La industria de la joyería y de los diamantes es poco conocida y muy opaca. Siempre ha existido la necesidad de tener más transparencia”, dice Berta Serret. “Este proyecto nos viene del corazón. La actividad minera genera 1.400 toneladas de mercurio tóxico al año y el 30% de este componente químico que hay en los océanos viene de esta industria. Hoy en día hay un millón de niños trabajando en la actividad minera. Sentimos que éticamente teníamos que trabajar para el cambio si queríamos seguir en el sector”, explica la hija emocionada, mientras el padre añade, con una sonrisa, que no hay que olvidar el valor que se le sumará al producto: “También nos permitirá vender y ganar más”.

Seguridad

La responsable de Tracemark, que inició su recorrido como empresa en 2019 y en julio pasado se lanzó a buscar clientes en el mercado, define la compañía como la oportunidad para añadir una seguridad más a la venta. Para que esté garantizada la legalidad del origen de los diamantes necesitan el sistema de certificaciones Kimberley, una especie de pasaporte de la pieza que evita que las piedras conflictivas (o diamantes de sangre, aquellos que provienen de zonas en guerra, se utilizan para financiarlas y se extraen en condiciones de esclavitud) entren en el mercado.

Existe también el sistema Chain of Custody (CoC), que se utiliza sobre todo para el oro y determina el cambio de manos de las piezas hasta su venta, y, por último, el Consejo de Joyería Responsable, una afiliación de empresas que audita las piezas para garantizar las buenas prácticas. “Tracemark es un nuevo paso en los certificados de origen de los diamantes, que los agrupa y les da trazabilidad”, resume Serret.

El resultado es un software que identifica todos los detalles de cada diamante y se entrega en el momento de la venta. “En cada transacción económica está el diamante, pero luego lo intangible, que es toda la información que tiene el tallador. Esta información es auditada y verificada”, añade la responsable de la start-up.

Los Serret son conscientes de que su propuesta entra en un mercado acostumbrado a la confianza del apretón de manos como único valedor, y que antes que ellos otras grandes empresas, como TrustChain, Tracer, Tiffany o Everledgerager han intentado lanzar un proyecto de trazabilidad sin éxito. “No ofrecían toda la información. Nosotros sí podemos hacerlo por nuestra relación directa y de confianza con la India, donde se concentran el 92% de los fabricantes y talladores, que han accedido a aportarnos la información”, explica el padre.

La inversión inicial para Tracemark ha sido de 300.000 euros para desarrollar el software y ya están captando los primeros clientes. El primero será Facet, al que se ha sumado también Messika, que factura 100 millones de euros anuales, y Tous, que está estudiando utilizar igualmente este software de trazabilidad.

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