Menos policías y más médicos

Uno podría pensar que la prioridad en una pandemia tendrían que ser los equipos de médicos, rastreadores o virólogos, sin embargo lo que ha anunciado la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, es un despliegue sin precedentes de fuerzas de seguridad. Y no digo yo que no sea necesario que la Policía Nacional, la Guardia Civil y los cuerpos locales vigilen que determinadas medidas se cumplan, pero más prioritario resulta que hospitales y ambulatorios cuenten con medios suficientes para atender a los contagiados y que exista un sistema de prevención eficaz. Porque si no parece que toda la responsabilidad de que esta segunda oleada del coronavirus en nuestro país se halle tan descontrolada sea únicamente de los ciudadanos, que no siguen las normas y por ello urge reforzar las multas, los controles y la vigilancia en las calles.

Y no, no solo es eso. Las obligaciones no pueden solo recaer en un lado. En esta crisis todos tenemos deberes. Puestos a vigilar, ¿quién vigila a nuestros políticos? Me temo, a juzgar por las últimas noticias y por el proceder apresurado de algunas decisiones, que unos cuantos no han hecho todo lo que deberían.

No es momento de desplegar ejércitos sino profesionales sanitarios y medios para que los centros de salud no se colapsen, para que no haya que recurrir a infrastructuras de campaña y para que no se disparen los brotes sin conocer su origen y sin que sea tan complicado contenerlos. Ojalá a este virus lo pudiera detener algún policía, que le hiciera confinarse para que no actuará más. Pero no.

Todavía recuerdo cuando albergábamos la esperanza de que de esta catástrofe íbamos a salir mejores y que nos serviría para aprender de los errores cometidos. No ha sido así. Fuimos ilusos, algo de lo que no me importa pecar en ocasiones.

Han pasado varios meses, la amenaza se cierne a nuestro alrededor y no es posible decir que esta vez nos pilla mejor preparados. Al contrario, nos encuentra cansados -porque hemos cambiado nuestros hábitos y costumbres y no ha sido suficiente-, temerosos -de que las cifras de damnificados vayan aumentando de nuevo-, y sumidos en una guerra sin sentido en torno al ‘y tú más’ entre los partidos y entre las comunidades en función del color de quien las gobierne.

Ahora todos miramos a Madrid. No es para menos. Los datos allí son malos y las restricciones anunciadas no parecen convencer a nadie. Su atención primaria no funciona como debería y los rastreos son insuficientes. Eso por más fuerzas de seguridad que haya por las calles no mejorará. A ver quién merece en este caso una sanción.

Al resto de regiones le convendría tomar nota. Cuando las barbas del vecino veas cortar… El covid no entiende de zonas geográficas, ideologías o estatus sociales. Entiende de eficacia médica y política.