Víctimas a largo plazo

Buena parte de las víctimas de los ataques nucleares en Hiroshima y Nagasaki no murieron el 6 o el 9 de agosto de 1945, lo hicieron días después de los bombardeos, meses e incluso años más tarde por efecto de la radiación. Hubo también miles de afectados sin un resultado fatal, incluidos los gestantes cuyas madres resultaron heridas por la bomba y que presentaron problemas al nacer que se han manifestado con el tiempo. La prioridad en todos los casos eran las víctimas directas, sin duda, pero olvidar a todas las demás implicaba que se multiplicaran los casos graves y resultara injusto para ellas e insostenible para el sistema.

Ante el coronavirus, y viendo la situación de la sanidad, es inevitable pensar en esos grupos diferenciados de afectados, salvando las enormes distancias. Hay miles de víctimas directas que son prioritarias y exigen todo el cuidado de los especialistas y los recursos necesarios para combatir al virus. Sin embargo, la falta de previsión, de personal y de medios puede generar ese otro grupo de afectados indirectos de cuya gravedad solo sabremos con el tiempo. Falta de pruebas, de diagnósticos y de tratamientos; falta de seguimiento a quienes lo necesitan; falta de atención a síntomas leves, dolores menores o sucesión de acontecimientos que vistos en conjunto tienen mal pronóstico, todo ello está sucediendo en la sanidad valenciana ante el desánimo de los pacientes y el desespero de los médicos. Posiblemente lo lamentaremos dentro de un tiempo y será motivo de estudio entre los especialistas, pero eso no alivia nada a quienes hoy se sienten desamparados mientras intentan que les visiten, atiendan y den la importancia que tiene aquello que están notando. No se trata solo de enfermedades graves como pueda ser un cáncer cogido a tiempo o una tensión disparada, sino también de males pequeños que, de no ser tratados, tienen consecuencias mayores o sencillamente derivan en una reducción irreversible de la calidad de vida de las personas. No basta con encoger los hombros dando por hecho que es lo que nos ha tocado vivir. Mientras unos se ocupan de atender a quienes hoy lo necesitan, otros deberían estar pensando en quienes lo exigirán en el futuro y evitar que ocurra si es posible.

Y no puede descargarse la responsabilidad únicamente en los médicos de Atención Primaria. Ellos mejor que nadie saben que no están llegando a esos pacientes como deberían, de ahí su frustración y el anuncio de huelga. Quizás para la Administración no, pero, para algunos pacientes, es como si ya estuvieran en huelga.