Francia clama unida por la libertad de expresión

Francia rindió homenaje este domingo a Samuel Paty, el profesor de Secundaria decapitado el viernes por un terrorista islamista en Conflans-Sainte-Honorine, a 50 kilómetros de París. Fue asesinado por enseñar a sus alumnos las polémicas caricaturas de Mahoma, publicadas por la revista satírica ‘Charlie Hebdo’, en una clase sobre libertad de expresión.

Decenas de miles de franceses se dieron cita en diferentes puntos del país para recordar a este héroe caído de la República. «Soy profe», «Soy Samuel», rezaban algunas pancartas en la Plaza de la República de la capital, abarrotada, pese a la pandemia de covid-19 y a que muchos parisinos estaban fuera por las vacaciones escolares de otoño.

El eslogan recordaba al «soy Charlie» que recorrió Francia y el mundo en enero de 2015 en solidaridad con las víctimas del atentado contra ‘Charlie Hebdo’ y en defensa de la libertad de expresión. Estos ataques fueron el punto de partida de una ola de zarpazos yihadistas en el país galo que parece no tener fin.

«No nos dan miedo. No tenemos miedo. No nos dividirán. ¡Somos Francia!», escribió en Twitter el primer ministro, Jean Castex, quien acudió a la manifestación parisina, junto a la alcaldesa, Anne Hidalgo, y otros políticos de diferentes ideologías. Coincidiendo con la movilización, el presidente, Emmanuel Macron, convocó un Consejo de Defensa para analizar la amenaza islamista en el país.

De París a Marsella, pasando por Lille, Lyon, Toulouse, Estrasburgo, Nantes o Burdeos, los franceses quisieron mostrar su apoyo a los profesores y salir en defensa de la libertad de expresión y de la escuela pública laica, dos días después de este espeluznante crimen que ha conmocionado a Francia.

En la capital se guardó un minuto de silencio en memoria del profesor asesinado y acto seguido se cantó ‘La Marsellesa’, el himno nacional. También resonaron en varias ocasiones los aplausos en la Plaza de la República. Muchos de los parisinos mostraban portadas o dibujos ‘Charlie Hebdo’ y recordaban que en Francia hay una larga tradición de hacer caricaturas de todas las religiones, no solo del islam.

Denuncia de los docentes

Camille, profesor de Filosofía de instituto desde hace 20 años, fue uno de los muchos que participó en la concentración. No quiere dar su apellido ni ser fotografiado porque tiene miedo de convertirse en objetivo de «gente malintencionada», como le ocurrió a Paty, señalado por el padre de una alumna en las redes sociales. Denuncia que los docentes de la escuela pública se ven «menospreciados por la sociedad, mal pagados por el Estado, abandonados por la jerarquía y asesinados por los islamistas».

«Somos húsares (maestros) de la República, somos Samuel Paty. Continuaremos cultivando la libertad de expresión en nuestros alumnos», decía la pancarta de Christophe, director de una escuela pública de Primaria. Explica que desde hace años cada vez es más difícil hablar de libertad de expresión a los alumnos. «Los mensajes de libertad, igualdad y fraternidad no son necesariamente escuchados por todo el mundo. Es una minoría, pero una minoría que hace daño a la mayoría», opina Christophe, quien asegura que los profesores del país se sienten «un poco abandonados» y les gustaría tener más apoyo del Gobierno y la sociedad.

Para muchos franceses presentes en el acto en París, como Djémila Boulasha, «la escuela es un lugar sagrado, donde aprendemos a ser ciudadanos». «Con el diálogo aprendemos a tener un espíritu crítico. Decapitar eso es decapitar la libertad y la emancipación de individuos», añade Djemila, quien exhibía en francés y español en su pancarta el título de un grabado del pintor Francisco de Goya: «El sueño de la razón produce monstruos».

Macron defendió a principios de septiembre «la libertad de blasfemar en Francia», tras la polémica suscitada por la decisión de ‘Charlie Hebdo’ de volver a publicar las caricaturas de Mahoma coincidiendo con el arranque del juicio de los atentados de enero de 2015 contra ese semanario.

«Estamos en Francia, no en Kabul», clamaba Nelly Dechristy, que se presentaba como artista comprometida. «Si hoy no podemos enseñar libremente y formar a ciudadanos es muy grave», añadía, por su parte, Celine, maestra en una escuela infantil de niños de tres años. «Francia es y será siendo el país de las Luces», advertía, todavía conmocionada por la decapitación de uno de sus colegas al salir de clase.