Cómo limpiar los faros del coche

Una buena iluminación es fundamental para garantizar una conducción lo más segura posible, no únicamente por la noche, sino también cuando las condiciones meteorológicas son adversas. Por eso es fundamental vigilar su limpieza, tan importante como la del parabrisas o las escobillas.

Hay dos elementos que se ensucian con el tiempo en el faro del coche: el cristal y el reflector o parábola. Limpiar el exterior del faro es sencillo, y en condiciones normales basta con pasar un paño húmedo o con un producto detergente y aclarar.

En cuanto a la limpieza interior del faro, puede ser más complicada. Según explica Rubén Fidalgo, experto de Autocasión, en la actualidad, la mayoría de los faros vienen sellados y es difícil desmontar el cristal, pero con paciencia y maña se puede hacer con un calentador de aire soplando hacia la zona de unión de ambas piezas para reblandecer la cola y poder separarlos. En otros coches son fácilmente desmontables soltando las presillas que los unen.

Si no eres capaz de desmontarlo, jamás debes intentar meter agua y agitar el faro como si limpiásemos una botella. La parte del reflector no se debe tocar ni mojar en ningún caso, pues se desprende fácilmente la cobertura de metal que hace de espejo.

Si logras desmontarlo, limpia la parte de cristal bien por dentro y por fuera. El reflector, mejor cuanto menos lo toquemos. Si no es suficiente con soplarlo, podemos pasar una microfibra sin hacer nada de presión sobre la superficie para no rallarla.

El calor que emite la lámpara produce unas corrientes de aire dentro del faro que hacen que se deposite mucho polvo en determinadas zonas, lo que da ese aspecto algo ahumado al faro cuando está muy sucio. La diferencia de luz entre un faro limpio y uno sucio puede ser de hasta el 70%.

Un faro sucio no sólo hace que perdamos luminosidad, también provoca más deslumbramientos, ya que la luz no se refleja y se reparte de manera homogénea y aparece mucha luz dispersa.

Una vez limpio el faro, debemos montarlo evitando tocar con las manos las partes del interior del mismo y prestando mucho cuidado a su sellado.

A veces es necesario pulir los faros

El recubrimiento plástico de los faros de los coches tiende a velarse con el paso de km y tiempo. La arenilla, el polvo y otras partículas los rayan y desgastan, sobre todo si aparcamos habitualmente a la intemperie, pues la radiación solar también altera estas superficies.

Circular con los faros velados resta luminosidad yendo de noche, también para ser vistos por el resto de conductores. Es más, llegado el caso es motivo de rechazo en la ITV. Para no tener que cambiar de faros se pueden seguir algunos trucos como pulir su superficie.

Hay varios métodos para pulir el plástico de los faros. Los domésticos son menos efectivos a corto plazo, pero pueden ser suficientes para mantenerlos transparentes antes de que lleguen a enturbiarse. Por ejemplo usando pasta de dientes para pulir la superficie, añadiendo después algún desengrasante como WD-40.

También es posible utilizar pasta de pulido para carrocería aplicándola con un paño, manualmente o con una pulidora eléctrica o un accesorio de pulido para el taladro.

En última instancia, para unos faros muy dañados lo mejor es acudir a un profesional para que los lije y pula a fondo, una operación que se ofrece desde poco menos de 40 euros en multitud de talleres y que suele dar buen resultado.