La Casa Blanca celebra la expedita confirmación de Barrett al Supremo

El 3 de noviembre Donald Trump podría perder las elecciones, según las encuestas, pero gane o pierda ya habrá cambiado el curso del país para generaciones venideras. Y no solo por el trabajo que ha hecho en los últimos cuatro años, sino porque la vida y la muerte le ha dado la oportunidad de nombrar tres jueces vitalicios del Tribunal Supremo, más que ningún otro mandatario desde Reagan.

Y lo ha hecho a una velocidad expedita, para que el resultado de las elecciones no pueda poner en cuestión el nombramiento de la jueza Amy Barrett para este cargo. Con ella el equilibrio ideológico del máximo tribunal quedará inclinado hacia el lado conservador por 6 a 3. El domingo todos los senadores republicanos menos dos votaron en contra de todos los demócratas para limitar las audiencias a 30 horas y asegurarse de que ayer terminarían el día en la Casa Blanca celebrando su juramento.

Curioso, porque fue precisamente la ceremonia de su nominación en ese mismo escenario, justo un mes antes, el presunto foco de infección que contagió al presidente y a una treintena de personas de coronavirus. Ayer el vicepresidente, Mike Pence, no pudo presidir la votación del Senado porque su oficina es el nuevo foco, con al menos cinco positivos, pero no se privó de la fiesta.

La nueva jueza, opuesta a los homosexuales, al aborto y partidaria de la pena de muerte, podría estar sentada hoy en su oficina del Supremo y mañana mismo en el banquillo. Si las elecciones llegan a disputarse en los tribunales, será una de las que decidan su resultado.