«Salva fue un lacayo de Maje ante su promesa de amor»

La abogada de Salva tiene ya nulas posibilidades de convencer al jurado de la inocencia de un hombre que lloró arrepentido en el banquillo y confesó, hace ya meses, ser el autor material del crimen. El enfermero que el 16 de agosto de 2017 asaltó por sorpresa al marido de Maje para asestarle seis cuchilladas mortales. No obstante, se ha ratificado en la poderosa influencia que sobre él ejerció la viuda y pidió que esto sea tenido en consideración en la búsqueda de una rebaja penal.

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La letrada María Julita Martínez pide ahora siete años y medio de cárcel para su defendido y que se tengan en cuenta las atenuantes por reparación de daño y confesión tardía. Inicialmente la abogada se aferraba a la posibilidad de una absolución para Salva al defender una alteración mental y de su voluntad debido a su devoción amorosa hacia Maje. Pero es ya imposible de sustentar después de que los forenses hayan hablado en el juicio para asegurar que las facultades de Salva no estaban afectadas en el momento del asesinato. Y tampoco él aludió a esta ceguera mental durante el juicio.

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Ha insistido la defensa de Salva en su constante colaboración con la policía después de su detención, descubriendo el escondite del cuchillo y aportando después datos documentales. También en su arrepentimiento y disposición de reparar el daño causado con un plan de pensiones cuyos fondos quiere ceder a la familia de la víctima.

Mantiene que Salva fue un «sumiso» de quién fue su amante. Si bien no ejerce la acusación, esta consideración respecto a su defendido sitúa a la sospechosa como la influencia sobre el influenciable. «El servilismo de Salva a Maje era absoluto, era un lacayo a su servicio ante su promesa de amor y ella le correspondía, le llamaba su compañero de vida», ha destacado.

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Maje, ha dicho la letrada, fue «imprescindible para ejecutar» el plan criminal. Ella «le convenció de que la única manera de ser feliz juntos era acabar con la vida de Antonio».

Salva «se ha demostrado profundamente arrepentido» y su última confesión ya en prisión fue «la pieza definitiva para que el puzzle encajara. Y esta revelación de «la verdad, no fue por revancha o desamor« como la defensa de Maje quiere hacer ver, »sino por la importancia de sus personas más allegadas», que le pidieron la máxima sinceridad cuando el asesino confeso estaba ya entre rejas.