Gómez del Pilar, más bravo que los miuras

La temporada de la Covid ¡vaya mal bicho! comenzó a clausurarse al estilo más clásico, bajo el signo del toro. Ayer se lidiaron miuras y para hoy se anuncian victorinos. Sucede todo ello en Logroño como epílogo de la llamada Gira de la Reconstrucción. Los pupilos de Zahariche lidiados ayer fueron grandes, muy grandes; pesados, muy pesados, el conjunto rozó los seiscientos kilos de media; tuvieron edad sobrada, todos habían cumplido los cinco años y estando a la altura del año que estamos cabe decir que tenían seis hierbas que es concepto antiguo y de lo más impresionante. Como cabía esperar hicieron cosas propias de su encaste, fueron inciertos, cambiantes, berreones, sin fuerzas de sobra y con más fachada que contenido. Si los analizamos desde la óptica miureña fueron noblotes y hasta se dejaron hacer…

Enfrente tuvieron dos espadas de los que ahora se les reconoce como especialistas, Pepe Moral y Gómez del Pilar que fue el justo triunfador de la tarde. No fue un reconocimiento gratuito ni fácil. Las claves de su éxito fueron más fáciles de explicar que de aplicar: no dejarse impresionar por la leyenda que acompaña a estos toros; no rendirse nunca, que tampoco es tarea llevadera; y darles buen trato aunque no siempre fuese correspondido con la misma moneda; y como además manejó la espada con estilo y eficacia no cabe ponerle pega alguna a su triunfo.

Alto, largo, imponente, pesador como corresponde a un miura, también noble y facilón como no se espera en estos casos, fue el toro que abrió plaza al que Moral toreó con pulcritud y mató mal. Tan grande, quizás más, fue su segundo, de aparatosa y abierta arboladura y de poco carácter. Ni gran colaborador ni gran enemigo. Acabó dando ciertas posibilidades por el lado izquierdo, tampoco muchas ni durante mucho tiempo. No las acabó de aprovechar Pepe Moral. Estos toros exigen listeza, quiere decir que cuando asoma la pieza hay que cazarla a riesgo de que te tengas que volver a casa con el zurrón vacío que es lo que pasó. Moral igualmente anduvo voluntarioso con su otro miura, con las desigualdades que imponía el toro que nunca acabó de superar. Volvió a encontrar su cruz con la espada y todo se diluyó aún más.

Muy miura fue el segundo, dio espectáculo en varas, creo problemas, comportamiento muy miureño, en banderillas y fue incierto y cambiante en la muleta, tercio en el que acabó saliendo vencedor su lidiador Gomez del Pilar que remató su obra de soberbia estocada que le valió una oreja. Otra mereció en el que cerraba plaza, toro de media embestida, al que Del Pilar le aplicó tiempo y paciencia para sacarle lo poco bueno que tenía. Más sincero el torero que el toro, también más bravo el madrileño que el sevillano, logró los mejores momentos con la zurda y si acaso tuvo un defecto fue el metraje, demasiado tiempo anduvo queriendo redondear una faena que ya estaba redondeada. No lo merecía el toro ni ayudó al brillo del conjunto. Pinchó antes de cobrar otra buena estocada y se quedó sin premio. Hoy segunda parte de la clausura, hoy, atención, victorinos, con edad y trapío.

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