Individuos

Nemolato a Cuca Gamarra: «Cuénteme algo agradable de Cayetana Álvarez de Toledo» (casi un diálogo de ‘Johnny Guitar’). Suelta esto: «Cayetana es gran amiga de sus amigos». Le ha faltado decir que saludaba en el ascensor. La prosa estreñida frente al verso suelto. Ayn Rand, cuya obra reedita Deusto, ha sido siempre la más radical defensora del individualismo. Su egoísmo racional lo explicaba más o menos así: solo un hombre racionalmente egoísta, que posee autoestima, está preparado para convivir en una sociedad racional, libre, pacífica y benévola. Que no se trata de irte al bosque como Unabomber a dar por saco. Locuras aparte, la fijación de Rand por la necesidad de ser individuo es algo tan deseable como extraño. Como la tercera España de Chaves Nogales o Clara Campoamor, una rareza.

Mientras escribe un libro, Cayetana sigue a lo suyo. En un texto para ‘Claves’ (‘La democracia partida’) habla del vídeo que se hizo para apoyar al Rey: «Cuando un Guerra rechaza apoyar un manifiesto cuyo sentido comparte plenamente porque también lo suscribe un Abascal lo que exhibe no es solo sectarismo sino también una insólita desconfianza en sí mismo. Una triste incapacidad para sobreponerse al grupo, para proclamarse único, distinto, complementario».

Si seguimos las luces de Lastra, en el PSOE, como en un iPhone, hay obsolescencia programada, cosa que de toda la vida ha sido matar al padre. Guerra puede ir contra Sánchez por las bilducosas, pero no con Abascal a favor del Rey. Ese es todo su valiente individualismo. Si a estas alturas de su vida, hasta Guerra tiene esa cerrazón borreguil por el qué dirán, Ayn Rand pueden seguir en su chifladura de marfil. Y el individuo seguirá perdiendo.