La pandemia domina la cumbre del G-20

La crisis global provocada por el coronavirus precisa una respuesta global y en ella trabajan los países del G20, las veinte principales economías del mundo, reunidos de forma virtual en la cumbre que se celebra este fin de semana en Riad. La lucha contra la pandemia y sus efectos son los temas centrales del encuentro que abrió de manera oficial el rey Salmán bin Abdulaziz, quien centró su discurso en la importancia de la vacuna y pidió «crear las condiciones para un acceso asequible y equitativo para todo el mundo». El monarca subrayó la importancia de desarrollar estrategias para estar preparados «para futuras pandemias» e insistió en que la clave para superar la crisis sanitaria y la peor recesión económica de las últimas décadas es la «cooperación internacional».

Ya hay más de 55 millones de personas infectadas y 1,3 millones han perdido la vida a causa de la covid-19 en todo el mundo. Diferentes laboratorios están cerca de comenzar a distribuir vacunas y desde organismos como Naciones Unidas, su secretario general, Antonio Guterres, recordó que «las vacunas tendrían que se tratadas como un bien público (…) accesible a todo el mundo«. En vísperas del arranque de la cumbre en Riad, varios países instaron al G20 a cubrir los 4.500 millones de dólares que precisa el fondo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) dedicado a distribuir vacunas. Vladimir Putin mostró la disposición de Rusia de enviar su vacuna Sputnik al país que la necesite y anunció que sus investigadores trabajan en otras dos vacunas.

El encuentro anterior de estos líderes se produjo en marzo y desde entonces han inyectado 17.700 millones de euros para mitigar el impacto en la economía mundial de la pandemia. El G20 ha puesto también en marcha un mecanismo que permite la suspensión de la deuda de países en desarrollo, que podrán aplazar los pagos correspondientes a 2020. Más de 70 países ya se han acogido a esta iniciativa. El primer ministro británico, Boris Jonson, realizó un llamamiento a la unidad e insistió en que «solo uniendo nuestras fuerzas y trabajando juntos como podremos derrotar al coronavirus y salir más fuertes de esta crisis».

El G20 lo forman Estados Unidos, que pudo ver a Donald Trump en su primera gran intervención mundial tras una derrota en las elecciones que sigue sin reconocer, Rusia, China, Francia, Alemania, Reino Unido, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, la India, Indonesia, Italia, Japón, México, Corea del Sur, Sudáfrica y Turquía, así como por la Unión Europa (UE); Arabia Saudí, el mayor exportador de petróleo del mundo, ocupa la presidencia este año y España es un país invitado permanente.

En la agenda de estas 48 horas de tele diplomacia hay espacio también para el cambio climático. El relevo en la Casa Blanca arroja esperanza en un campo que quedó seriamente afectado tras la decisión de Donald Trump de retirar a Estados Unidos del Acuerdo de París. La llegada de Joe Biden abre las puertas a que Washington vuelve a apostar por la multilateralidad. Como ya ha hecho la Unión Europea, la mitad de los miembros del G20 ya se han adherido al plan de lograr la neutralidad climática para el 2050.

     

Una oportunidad perdida para limpiar la imagen de Bin Salmán

 La covid-19 ha hecho que la diplomacia digital sustituya a la presencial. La videoconferencia reúne en una misma pantalla a los líderes del G-20, pero no tiene el mismo impacto mediático que las visitas oficiales, las ruedas de prensa y las cenas de gala. Arabia Saudí es el primer país árabe que acoge esta cumbre y estos días estaban marcados en su calendario como una oportunidad de mostrar al mundo la imagen de apertura y cambios que trata de imprimir el príncipe heredero, Mohamed Bin Salmán (MBS).

     

El reino trata de mejorar su imagen ante Occidente, muy tocada tras el asesinato y descuartizamiento del columnista de ‘The Washington Post’, Jamal Khashoggi, en el Consulado saudí de Estambul en 2018. Al principio, Riad negó cualquier vinculación con el asesinato, pero con el paso de los días y de las pruebas, admitió la muerte dentro de la legación a manos de funcionarios, pero negó toda implicación de MBS en el mismo. El príncipe heredero es una línea roja para la corona.

     

A este crimen hay que sumar la detención sistemática de activistas de derechos humanos, tal y como han denunciado a lo largo de la semana organizaciones como Human Rights Watch o Amnistía Internacional.