«Soy joven y sin patologías, pero el virus me lo ha hecho pasar mal»

Amelia Garayoa, la protagonista de ‘Dime quién soy’, la serie producida para Movistar+ que se estrenará el 4 de diciembre, «es una mujer presa de contradicciones que cometerá errores que nunca terminará de pagar, y que acabará sufriendo en su propia carne el azote despiadado tanto del nazismo como de la dictadura soviética». Basada en la exitosa novela homónima de Julia Navarro, adaptada por José Manuel Lorenzo y Eduard Cortés, y dirigida por este último, la actriz Irene Escolar -exquisita- ha sido la elegida para dar vida a la protagonista. «Irene Escolar es tal cual imaginé a Amelia Garoyoa», deja claro su creadora. Escolar, que estos días se encuentra recuperándose tras haber pasado el Covid-19, afronta el mayor reto de su carrera, cuajada de éxitos en el teatro.

¿Por qué está triste en la foto de esta entrevista?

– ¿Triste? Creo que es más una cara de tranquilidad, de calma, ¿no? No me gustaría transmitir en estos momentos una imagen de tristeza.

¿Tiende a la tristeza, a la nostalgia?

– Buenos, son estos unos días muy extraños…; tiendo mucho a la alegría, pero también tengo muchos miedos y eso te hace, a veces, ponerte un poco melancólica. Pero mi tendencia es a tirar siempre hacia adelante, a alegrarme yo la vida y alegrársela a los que están a mi alrededor.

¿Cómo es usted?

– En realidad, soy alguien totalmente frágil, le doy muchísimas vueltas a las cosas y tengo mucho miedo a equivocarme.

¿Cómo se encuentra?

– Estoy muy descolocada y desubicada, incluso consternada con esta situación en la que estamos. Si tienes un mínimo de sensibilidad, ves lo dura que está siendo la situación para muchísima gente. Me he propuesto, pese a todo, ser positiva, y me he preguntado: ‘¿qué puedo hacer yo para que la gente esté mejor?’. Cada uno tenemos una labor, y la mía, como actriz, es hacer a través del arte, de la interpretación, un poquito mejor la existencia de las personas.

¿Cómo ha sido su experiencia pasando la Covid-19?

– Al principio me asusté, la verdad, pero he tenido suerte…; soy joven y no tengo patologías, pero lo he pasado mal…; ahora estoy con las secuelas, me siento cansada, pero me dicen que es lo normal. Es un poco extraño reubicarte física, espacial y anímicamente en este momento de pandemia. Pero es necesario que entre a funcionar la razón y decirse: ‘hay que seguir, y hay que hacerlo mejor posible, por ti y por los demás’ Claro que he sentido miedo, soledad, desconcierto, y me he planteado muchas cosas, pero el arte me ha ayudado mucho a sentirme menos sola, y a levantar el ánimo.

¿Cuándo leyó usted la novela ‘Dime quién soy’?

– Julia (Navarro) me habló de que había un personaje que veía interpretado por mí, y me la mandó. Me la leí y me dije: ‘Qué personaje tan estupendo el de Amelia’. Pero pensé que el personaje de Amelia acabaría haciéndolo Natalie Portman o alguien así (ríe). Tiempo después, me llegó el papel y he dedicado al personaje de Amelia toda mi emergía y mi corazón durante un año. Ha sido un lujo meterme en la vida de esta mujer, transitarla desde los 18 hasta los 80 años de edad. Su vida es apasionante.

¿Y la responsabilidad de llevar el peso de la serie?

– El teatro es algo que yo amo y que me ayuda a sentirme muy viva y muy conectada con la sociedad y con mi presente. Es cierto que yo no había rodado nunca tanto como el año pasado, todos los días durante casi ocho meses, y que mi relación con la cámara cambió y se estableció un vínculo nuevo que me apetece mucho seguir explorando porque me pareció maravilloso. Pero no he querido pensar en la responsabilidad, en la exigencia, sino en el trabajo; por supuesto, siendo consciente de que llevas el peso de la historia.

«Soy alguien totalmente frágil; tengo mucho miedo a equivocarme» PERSONALIDAD

¡Payasa!

Irene Escolar tiene también una vena cómica que apenas se conoce, y si no que se lo pregunten al también actor José Luis Torrijos, que todavía se ríe, por no llorar, recordando una anécdota que le pasó con ella cuando ambos interpretaban ‘Blackbird’, de David Harrower. En una dramática escena, en la que ella tenía que mostrarle una fotografía, cuyo contenido el público no veía, se le ocurrió a la actriz que fuese de ¡Carmen de Mairena! Torrijos la perdonó, porque a Escolar, quien en 2016 ganó el Goya a Mejor actriz revelación por ‘Un otoño sin Berlín’, de Lara Izagirre, es casi imposible no perdonárselo todo, llegado el caso.

¿Qué es usted aunque no lo parezca?

– (Se toma su tiempo) ¡Pues soy muy payasa! (Risas) Lo digo porque me consta que puedo transmitir una imagen de persona muy seria, incluso muy dramática y cuadriculada. Pero no, ya le digo, soy una mujer joven a la que, casi siempre, la vida le ha sonreído con ganas. ¡No soy tan intensa como a veces parezco, qué horror (de nuevo ríe)!

¿Qué no puede imaginarse?

– ¿Qué sería de mí vida si le hubiese hecho caso a mi madre, que insistía en que estudiase Medicina? Porque yo creo que estaba predestinada, de una manera de lo más natural, a ser actriz. Siendo una niña interpreté a la hija de Mariana Pineda (a la que daba vida Carmen Conesa) y recuerdo todavía esa sensación de felicidad. Desde entonces, sé que el teatro es un refugio maravilloso que siempre está dispuesto a cuidarme.

¿Y le pesa mucho la responsabilidad de ser la heredera de una saga de actores que corta la respiración: los Gutiérrez Caba?

– Pues no, en absoluto. Este oficio lo he vivido desde siempre, en mi familia, de una manera tan natural, tan positiva y tan buena que lo que he sido, y sigo siendo, es bastante feliz cada vez que me subo a un escenario. Le doy gracias por ello a mi familia, pero también a todas esas personas que van marcando tu vida. A la familia no la puedes elegir, pero sí, y yo procuro hacerlo consciente de su importancia, a quienes te van a acompañar en tu carrera.

«Vivir en calma»

¿Qué va teniendo muy claro?

– Que lo que deseo es vivir en calma y buscando siempre la honestidad tanto en el plano personal como en el profesional. Y eso pasa por tener claras tus prioridades y por saber que uno siempre tiene que hacer sacrificios. Aspiro a vivir con mucha tranquilidad interior,.

¿Qué se ha propuesto?

– En cuanto a mi carrera, no apartarme ni un milímetro de la profesionalidad, ni de la creencia en la importancia de crecer día a día. También huyo de acomodarme, busco siempre nuevos retos. Cuando empiezo un trabajo o algo que me importa, me acuerdo de una cosa que decía Bette Davis y que se me quedó grabada; hay que intentar alcanzar lo imposible, ponerse metas muy altas; eso es lo que yo hago.

¿En qué evita caer?

– No quiero tomar ninguna decisión que me robe la paz. Ni eso, ni dejar de ser plenamente consciente de las cosas, incluso de las que te causen dolor. Siempre vivo de cara.

¿Qué le debe al teatro?

– Algo que no podría pagar con dinero: crecimiento humano, intelectual, emocional… Los escenarios me han preparado mejor para la vida y también me han dado una razón para vivir, supongo. De eso soy muy consciente. Recuerdo que, interpretando ‘Vania’, para mí uno de los montajes más bellos en los que he trabajado, los personajes estaban todo el rato cuestionándose si han hecho bien las cosas, si han elegido bien su camino…; se arrepentían de decisiones que habían tomado. Yo, a día de hoy me siento muy afortunada con el camino que he elegido.

«Estoy descolocada y desubicada, consternada con esta situación en la que estamos» la pandemia

¿Y también con los personajes que ha interpretado? (Escritos por Lorca, David Mamet, John Steinbeck, Vargas Llosa, Martin McDonagh, Tracy Letts…)

– Sí, sí, porque me han enseñado, por ejemplo, los diferentes mecanismos que tiene el ser humano para sobrevivir. He tenido la suerte de hacer personajes muy interesantes, algunos con vidas muy complicadas, que me han permitido ponerme en situaciones que yo en mi vida, ¡por suerte!, no he experimentado. En ‘Blackbird’, por ejemplo, interpreté a una mujer muy solitaria que convive con un gran dolor desde que un suceso que marcó su vida la convirtió en un animal herido. Durísimo.

¿Qué certeza tiene?

– No creo que exista un motor más poderoso que el amor. Yo estoy a su disposición.

¿Quién le dio un buen consejo?

-Mi tío Emilio (Gutiérrez Caba) hace muchos años, y ponerlo en práctica me viene muy bien: «Si se te seca la boca, piensa en un limón partido por la mitad» (Risas) A mí misma, me aconsejo esforzarme mucho y trabajar duro para no perder la confianza en mis capacidades. Sin confianza es muy complicado lanzarte sin red, y a mí me gusta hacerlo. Hay que superar el miedo, precisamente en un momento como el que estamos viviendo en el que parece que hay que tenerle miedo a todo.

Dice Estragón en ‘Esperando a Godot’: «No hay nada que hacer».

– Y mucha gente así lo cree, pero yo no. Además, la responsabilidad de la gente joven es que no cale ese discurso de que no hay nada que hacer. Se puede hacer mucho y en eso estamos; al menos, el círculo de gente con el que yo me relaciono, los artistas con los que yo trato, están haciendo un gran esfuerzo por intentar cambiar un poco la perspectiva de la gente y descubrirle otros imaginarios.

«Ningún autor le ha dado tanto protagonismo a la mujer como Lorca» AUTOR PREFERIDO

¿Qué pregunta se hace a propósito de Woody Allen?

– ¿Se puede separar al artista de la persona? Le doy muchísimas vueltas a la respuesta.

¿Haría una película con él?

– No tendría problema en trabajar con nadie que me ofreciera una experiencia artística y vital que fuera movilizadora; lo digo en general.

¿Aspira a ser una estrella?

– Aspiro a vivir de mi profesión, a poder ir en el metro sin que nadie me conozca, y a ser feliz con los artistas con los que me vaya tocando trabajar e ir creciendo artísticamente a medida que lo vaya haciendo también como persona. Y por supuesto que me gustaría, aprovechando que hablo inglés y francés, trabajar en otros países, hacer teatro y cine en otros idiomas. (Irene Escolar se formó actoralmente en Londres, en la prestigiosa The Royal Academy of Dramatic Art RADA)

«Me dejo el alma»

¿Qué se dice cuando sale a escena?

– Déjate el alma. Según decía Lorca, el público es ese dragón que me puede comer con sus 300 bostezos y sus 300 cabezadas. Yo me dejo el alma para que no ocurra ni una cosa ni otra. Al contrario, hay que lograr que ni parpadee.

¿Por qué ama tanto a Lorca?

– Ningún autor le ha dado tanto protagonismo a la mujer. Ellas toman las decisiones y las acciones giran en torno a ellas, y nos explican el mundo y dan testimonio de su fuerza y de su grandeza. Hace no mucho tiempo, las mujeres no podían tener ni siquiera esa habitación propia de la que escribía Virginia Woolf. Hemos avanzado mucho, por supuesto, pero aún hay mucho que pelear. Además, en Lorca también está la extraordinaria belleza de su poesía, que encontramos en todo su teatro. ¿Se ha fijado, por ejemplo, en que incluso su propia ejecución guarda cierta relación con su poesía?

¿A qué se refiere?

– En ‘El Público’ dejó escrito: «Los pescadores me llevaron esta mañana un enorme pez luna, pálido, descompuesto, y me gritaron: ¡Aquí tienes a tu hijo! Como el pez manaba sin cesar un hilito de sangre por la boca, los niños reían y pintaban de rojo las suelas de sus botas». Cuando fue asesinado, se cuenta que su asesino se dedicó justo después a ir riéndose por los bares. ¡Riéndose! A mí, esa especie de premonición me sobrecoge.

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